Reseña de “Al final del pasillo” por Juan Ángel Laguna Edroso

Al final del pasillo

Reseña de la antología de terror, ciencia ficción y literatura pulp en Aragón publicada por Voces de Margot

Octavio Gómez Millán, a través de Editorial Comuniter y Voces de Margot, se ha lanzado a un interesante proyecto: recopilar, a través de once obras, las visiones de otros tantos escritores sobre esta peculiar forma de realizar literatura. Si bien en sus páginas no encontramos un hilo que cohesione dichas visiones, hay que decir que el resultado es muy satisfactorio. Quizás no tengamos una corriente clara de creadores en este sentido en Aragón, pero, desde luego, sí incursiones muy meritorias en ese terreno incierto donde se dan cita la fantasía, lo lúdico, lo trascendente y lo artístico.

Abre la antología Ángel Gracia con su relato Excedente. Tras un arranque algo denso, el autor consigue sumirnos en la psique del narrador, y lo que apuntaba como una historia ya vista se va revelando como un pozo mucho más oscuro y claustrofóbico. El autor consigue no solo crear una atmósfera opresiva, sino transmitirla y acercarnos al espíritu de este “excedente”.

A continuación, Daniel Gascón nos presenta Sucesos. Se trata de una historia muy pulp, cuya mejor baza es lo bien que fluye y la sencillez con la que el autor nos mete en cuadro. Quizás por los precedentes se queda en algo anecdótico, en un entremés ligero que discurre bien y nos da paso al resto de la antología.

Eva Puyó, con su Pasarela, consigue una historia de más calado. Deliberadamente ambigua, esta obra siembra la inquietud con elementos a priori cotidianos. En esto se ve precisamente la buena mano de la autora, que es capaz de sembrar la desazón en el lector aunque, en apariencia, no haya motivo para ello. Una obra sencilla pero de gran capacidad de transmisión.

¿Miedo yo?, de Ignacio Escuin Borao, vuelve a la mejor tradición pulp y nos presenta una historia inquietante que, no sin cierta inocencia, interpela al lector como una buena historia de campamentos. Este juego metaliterario no esconde, en el fondo, un temor muy real de la sociedad. Cuando se te quita la sonrisa cómplice no se puede obviar.

Juan Luis Saldaña Medina se lanza a por todas en La caja. En este relato se dan cita lo absurdo con lo tecnológico, el realismo sucio con el planteamiento fantasioso. En un estilo que hemos visto con más frecuencia en la gran pantalla, el autor consigue que pasemos un breve mal rato con las vicisitudes de los visitantes de esta peculiar caja. Como toca, no se revela explicación alguna.

El pulp más clásico, el de raíces decimonónicas, nos llega de la mano de Magdalena Lasala y su relato El proyecto. La autora demuestra su bagaje literario y mitológico y arma una historia de corte elegante y final ominoso. Un paseo delicioso por cementerios, arboledas y subterráneos.

Atmósfera, de Manuel Vilas, opta por un enfoque radicalmente distinto. Nos presenta un relato incongruente en el que la trama es sacrificada en aras de la atmósfera creada por los propios personajes. Pulp de su tiempo, el autor no escatima tampoco a la hora de apoyarse en material extraliterario, como las fotografías.

María Frisa toma el relevo con El espejo que retrasaba. Este sugerente título da paso a un relato en el que se explora uno de los temores más explotados del género: el de lo que se intuye al otro lado del espejo. El desarrollo cumple y el cierre levanta una historia que quizás resultaba excesivamente tópica con un giro socarrón y efectivo.

Miguel Serrano Larraz y su La tabla periódica beben de la cultura pop en una historia trágica, melancólica y muy del siglo XX. La delicadeza con la que se retratan los sentimientos del protagonista contrasta con un escenario y un planteamiento pulp y algo bufo en una mezcla muy conseguida.

Ya casi al cierre, nos encontramos con la joya del libro, una serie de microrrelatos de la mano de Óscar Sipán. En ellos descubrimos los numerosos matices que se le pueden sacar al género y la potencia que tienen los nanorrelatos cuando son ejecutados con buena mano. Al final, este “capítulo” no resulta solo una buena lectura sino todo un muestrario para engancharse a esta forma de hacer literatura. Genial.

Para la despedida, Patricia Esteban Erlés nos sorprende con Criptonita. Retrato social muy contemporáneo, algo de chic-lit, mucho humor  funesto -más que negro- y un buen ritmo hacen que quedemos atrapados en este particular guiño al superhéroe de DC. Una obra que deja con muy buen sabor de boca y con ganas de que se repita la experiencia.

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