“El duende no”, de María García Esperón, una reseña de Manuel Cortés Blanco

El Duende No

de

 

María García Esperón

 

(Ilustraciones de Yolanda Falagán)

 

Amigos de Papel.

León, 2012; ISBN: 9788493993429.

26 páginas.

 

Manuel Cortés Blanco.

Médico y escritor.

http://manuelcortesblanco.blogspot.com

 

            ¿Puede hacerse una reseña de un libro de apenas treinta páginas? Si esta pregunta la respondiera un duende que conozco, probablemente diría ¡No! Sin embargo dicho libro, al igual que un perfume concentrado, acumula cientos de esencias que procedo a comentar.

            En primer lugar, su historia. Dirigido evidentemente a un público infantil, el cuento de María García Esperón resulta en apariencia sencillo a la vez que ameno, divertido, interesante… Y –sobre todo- pedagógico, atendiendo a su enseñanza final. Porque en cualquier proceso educativo también es importante que los más pequeños sepan poner límites, sepan hasta dónde puede llegar el otro, sepan –sencillamente- decir no. Sus protagonistas son dos niñas con las que sus lectores acostumbran a identificarse –en especial, con Sol-… Y por supuesto, está el duende: “pecoso, con el cabello lacio del color del trigo, al que le faltan los dientes delanteros como a un niño de siete años”. Pero también simpático y cercano; características imprescindibles para que su mensaje se pueda transmitir.

            En segundo lugar, sus ilustraciones. Las de Yolanda Falagán –además de atractivas- se adaptan perfectamente a la historia, ayudando a marcar sus ritmos.

            Por último, la edición. Muy cuidada, como todas las de la editorial Amigos de Papel, especializada en este tipo de obras. De hecho, cada ejemplar se acompaña de unos recortables sobre los personajes del cuento que podrían servir de incentivo para trabajarlo con posterioridad.

            En definitiva, “El duende No” es un libro de lo más recomendable para nuestros pequeños… Aunque, eso sí, cuando le digo a mi hijo que dejamos de leerlo, le gusta tanto que corro el riesgo de que me diga precisamente eso: ¡No!

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