“Bodas de oro” de Fernando Ainsa, una reseña de Emilio Quintanilla Buey

 

BODAS DE ORO

Poemas

Autor: Fernando Aínsa

Colección ABEZETARIO Poesía

Diputación Provincial de Cáceres e Institución Cultural “El Brocense”

100 páginas. Año 2011

 

Pocas son las ocasiones en que Fernando Aínsa, fecundo y notable ensayista, narrador y crítico, se aventura por el terreno de la creación poética. Bodas de oro es uno de los escasos poemarios que se ha decidido a dar a la imprenta, aunque me consta que acaricia nuevos proyectos alguno de los cuales está a punto de ver la luz.

 

Bodas de oro es el feliz resultado de un trabajo realmente brillante donde el autor, que sabe mucho de utopías, se plantea ya en el poema inicial un utópico juego especular: la preparación de unas bodas de oro para las que todavía faltan quince años que se vislumbran preñados de incertidumbres. Hay que forzar el calendario con la imaginación. Hay que improvisar el futuro. Hay que preparar la fiesta como si fuera mañana. Y que redoblen, entretanto, las campanas. De eso se trata.

 

Aínsa, un intelectual entre dos mundos como ha sido definido con motivo del homenaje internacional de que fue objeto en 2009, sabe mezclar sabiamente la lengua y la cultura de ambas orillas del Atlántico para alumbrar un conjunto de poemas repletos de hallazgos expresivos con una gran belleza plástica donde lo cotidiano (una mirada en silencio, un simple gesto, un presentimiento, una reflexión compartida) termina siendo lo fundamental.

 

A medida que avanzamos en la lectura de Bodas de oro vamos teniendo la sensación de que, al poner en nuestras manos este intenso libro de poemas,  Fernando Aínsa nos ha invitado amablemente a entrar en su casa y nos ha acomodado en una privilegiada butaca con un ángulo de visión tan amplio que nos permite, sin movernos del sitio, acompañar al poeta hasta lugares y situaciones reservados para su exclusiva intimidad: la galería, la cocina, el porche, el jardín, la alcoba… en todos estos escenarios va manteniendo con su compañera —a quien hemos de imaginar escuchándole en silencio— una intermitente conversación unidireccional desgarrada, franca, doliente. Son reminiscencias introspectivas, recuerdos sombríos mal enterrados, esperanzas desvanecidas y, a veces, rescoldos de ilusiones que no se han apagado todavía. Y todo ello sustanciado en tres docenas de espléndidos poemas cuyo peculiar fraccionamiento en sangrías escalonadas nos quiere recordar al Paul Celan de Canción a una dama en la sombra.

 

 

He disfrutado leyendo Bodas de oro y no he podido evitar establecer un paralelismo con el film En el estanque dorado. No solo porque ambos títulos tienen una connotación áurea, sino porque en los dos casos nos encontramos con un hombre en las postrimerías del tiempo que parece querer rebelarse contra una inexorable bajada definitiva del telón.

 

“Envejecer no es para cobardes” —nos ha venido a decir la socióloga mejicana Tere Márquez—. Fernando Aínsa lo sabe muy bien y asume con coraje y valentía la conmemoración de estas utópicas Bodas de oro. Y digo conmemoración porque ahí está la quintaesencia del libro: se trata de ir trayendo a la memoria y volcando en una afortunada colección de hermosos poemas las cenizas mal aventadas del pasado, los recuerdos risueños o doloridos, las vivencias compartidas,  las imágenes desdibujadas en una bruma color pastel… reservando el mejor sitio del libro para un Todavía te quiero.

 

Hay un momento en la película En el estanque dorado en que Ethel (Katherine Hepburn) le dice en tono de cariñoso reproche a su angustiado marido Norman (Henry Fonda): “¿Sabes una cosa, viejo tonto? Eres el hombre más encantador de la Tierra, pero yo soy la única que lo sabe”.

 

No me resulta difícil imaginar a la gentil compañera de Fernando Aínsa diciéndole algo muy parecido tras leer este magistral poemario.

 

Emilio Quintanilla Buey

 

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