“Siete paraguas al sol”. de Manuel Cortés Blanco, una reseña de Pilar Moros

En Siete paraguas al sol, Manuel Cortés,  nos refleja las vidas de siete mujeres que tienen un origen común: Un pequeño pueblo de Castilla.

A través de ellas viajamos a distintas ciudades y momentos de la historia. Madrid, Frankfurt, Buenos Aires, Kigali, New York, Bagdad.  Como en una imagen proyectada en el tiempo,  nos retrata en unas cuantas líneas la vida de un lugar en un momento concreto. La emigración a Alemania en los años setenta, las secuelas de la guerra de Irak, el éxodo del campo a la ciudad, los desaparecidos durante la dictadura argentina, los conflictos interétnicos en Ruanda, las dolencias de nuestro mundo en una ciudad como New York…

Con la divisa: “Que llueva no depende de ti, que lleves paraguas, sí”, nos abre el camino de la esperanza. No podemos cambiar ni controlar lo que  acontece en nuestro camino,  pero tenemos la posibilidad de elegir nuestra actitud frente a la realidad que vivimos.  Manuel Cortés, comparte con nosotros vivencias soñadas, pensamientos vividos, sueños pensados que nos conducen a plantearnos preguntas, a reflexionar sobre la vida y la muerte, a un viaje interior donde cada uno forja sus propias creencias en la sabiduría de aprender a vivir.

Refranes, leyendas, cuentos, proverbios nos acompañan en la lectura de “Siete paraguas al sol”, para trasladarnos a esos recuerdos de la infancia, donde los cuentos llenaron nuestras noches de sueños y quimeras, y que todavía hoy nos ahuyentan  alguna que otra soledad… Soñemos, escribe Manuel, dejemos volar nuestra imaginación, para que esos sueños se armonicen en deseos y nos ayuden a realizar lo que sí podemos hacer.

Un viaje inolvidable por las estaciones del alma. Un origen con un punto de partida, un reencuentro en el mismo lugar, donde “siete paraguas” se transmutan para ser el símbolo del amor y la unión. En la cercanía y en la lejanía, allá donde nos encontremos y lo que vivamos, nuestra verdadera suerte no está en lo que nos ocurre, sino en cómo lo vivimos.

La magia de la literatura es poder transmitir realidades distintas, Manuel Cortés escribe para compartir; recuerdos, sueños e ilusiones, y algún cuento alrededor de un tazón de chocolate. Y quizás un solo relato de esta novela pueda cambiar la perspectiva de vida de cada persona que lo lea, forjando una esperanza nueva que le ayude a vivir con una sonrisa. Es su deseo y lo comparto con él.

 

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