La madre del héroe, de Roberto Malo y Francisco Javier Mateos, una reseña de Antón Castro

El espadachín, su madre y el diablo
Por Antón Castro

 

El escritor Roberto Malo publicó en 2009, con Francisco Javier Mateos, e ilustraciones de David Laguens, un libro muy sugerente que viajaba al corazón de la selva y a sus ponientes de arrebol: ‘Tanga y el gran leopardo’ (Comanegra). Estos días aparece un nuevo libro infantil, repleto de humor e ingenio y de segundas intenciones: ‘La madre del héroe’ (OQO editora, Pontevedra), en cuyo texto colabora de nuevo Mateos; los dibujos, en los que domina el rojo y el oro, son de Marjorie Pourchet.
Malo y Mateos cuentan la historia de un hombre un tanto apocado o perplejo, que sucede a su padre al frente del reino. Desde el primer instante, desde que el pintor de la corte le hace su inicial retrato sobre el trono, tiene un grave problema: la monarquía debe cien mil monedas de oro al caballero Negro. Este se presenta en palacio y dice que si no cobra “saqueará el reino de arriba abajo, te sacaré los ojos, te cortaré la nariz, te rebanaré las orejas…” El joven y desesperado monarca echa mano del espadachín Dick Van Dyke, un héroe muy particular que tiene una madre capaz de seducir a cualquiera con su labia y con su sensatez, incluso a un ogro feroz y hambriento.
El texto es divertido, desternillante, funciona muy bien porque ha sido muy medido en su ironía, en los chistes, en la acción, en sus juegos de espejos con la tradición o incluso con la realidad. Por ejemplo, el caballero Negro tiene su palacio en obras. ‘La madre del héroe’ es uno de esos álbumes, con una propuesta visual muy acertada, que contienen dentro una aventura y, de refilón, una moraleja: no existe mejor arma que la palabra. La palabra y la inteligencia. Por otra parte, Roberto Malo acaba de presentar en el sello Nalvay un nuevo título: ‘Asesinato en el Club Nudista’, una novela policíaca que transcurre en el futuro donde se mezclan los crímenes, el erotismo, la belleza de los cuerpos al sol y la investigación. Este volumen cuenta con dibujos de Abraham Pérez.

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