“Lo que fue de nosotros”, de Carlos Manzano, una reseña de Francisco Javier Aguirre

Carlos Manzano.

Lo que fue de nosotros.

Ediciones Nuevos Rumbos.

Zaragoza, 2011.

 

“Un niño de tres años es violentamente asesinado de un golpe en la cabeza. Los padres, golpeados al igual que su hijo por las terribles fuerzas de lo irracional, se ven obligados a mirar por vez primera, sin falsos tapujos, dentro de sí mismos”.

 

Esta es la primera información que encuentra el lector en la contracubierta del libro; y éste es el episodio con el que comienza la novela. Historia extremada, intensa y vertiginosa la que se cuenta a partir de aquí. Carlos Manzano, narrador avezado y coordinador de la revista  electrónica de literatura ‘Narrativas’, ha escrito una novela inquietante y ágil, con un arranque casi inverosímil –el asesinato de un niño sin motivación aparente, sin connotaciones de pederastia, sin indicios de venganza ni de crueldad patológica– y con una secuencia de difícil asimilación: la aparente insensibilidad de la madre ante la tragedia, su frialdad e indolencia tras la desgracia. La trama, además, experimenta una convulsión insólita en la segunda parte del libro al plantear el monólogo interior, con mínimos deslices al diálogo, de un viejo inspector de policía involucrado patológicamente en la investigación del crimen.

La estructura narrativa sorprende cuando el inicial desdoblamiento deriva hacia la triangulación de los personajes y las situaciones. Hay uno primero y permanente con la pareja y su hijo asesinado; otro confrontado que forman la protagonista y los dos amigos con los que establece un trío sexual; varios intermedios, como los de la protagonista con sus padres, la pareja con el policía, la protagonista y sus dos compañeras de oficina, o el de una de ellas con los dos amigos que volverán a formar trío con Patricia, la madre del niño. Esta estrategia triangular presta a la narración un interés notable. Y el trasfondo erótico que mueve toda la trama se cierne como una cuestión pendiente y no resuelta a lo largo de la historia. En narrador se limita a exponer posturas sin tomar partido, pero dejando entrever una dura crítica sobre la deriva que han tomado hoy ciertas formulaciones eróticas, asumidas permisivamente por la sociedad. Hay una temática de trasfondo, un análisis permanente de los enfoques del amor, de su aparición, su manifestación, su desarrollo y su expresión en los diversos modos operativos: enamoramiento, impulso sexual ciego, fantasías, transgresión moral, control social, depravación, abuso…

La obsesión patológica del padre, Fernando, buscando tardíamente un culpable del crimen, está muy bien trazada desde la tiranía de la memoria. No hay conclusiones ni juicios, pero el autor encamina al lector a efectuar sus propias deducciones, tanto en los planteamientos teóricos como en los resultados prácticos. Un gran acierto. Así, el final de la historia está sugerido, no definido. Manzano cuida en extremo la sintaxis y el lenguaje, cosa de agradecer en un tiempo en el que predominan los desarrollos planos que no complican al lector medio, víctima del mercantilismo literario que padecemos. El estilo está muy cuidado, es incisivo y deja la sensación de haber tenido entre las manos una novela breve, pero de una intensidad inusitada, que provoca una enorme satisfacción literaria.

 

Francisco Javier Aguirre

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