“Bermellón” de Chus Cuesta, una reseña de Ignacio Fernández Candela

Bermellón, de Chus Cuesta

TÍTULO: Bermellón.

 

Autora: Chus Cuesta.
Páginas: 150.
Género: Narrativa
Editorial: LápizCero Ediciones.
SINOPSIS:
Novela intimista ambientada en el París bohemio de finales del XIX que toma como protagonista al pintor Henri de Toulouse-Lautrec y como argumento el que pudo ser un episodio de su vida en torno a la creación del retrato de Céline, joven prostituta y bailarina de cabaret, con quien entabla una relación sentimental a través de la cual nos acercamos a su compleja personalidad atormentada y su insaciable espíritu creador. Adentrándonos en las noches de Montmartre los bebedores de absenta exorcizan sus demonios, los lenocinios erotizan su cotidianeidad con perfumes de mujer y humo de cigarros, los escenarios donde se proyectan las luces y sombras entre candilejas, así asistimos a la vida parisina de los bajos fondos, donde algunos esperan que sus sueños se conviertan en una nueva oportunidad mientras la ciudad avanza en continuo cambio hacia el progreso y la modernidad.
Bermellón es un fresco literario siguiendo los mismos patrones que hubiera utilizado el propio Toulouse-Lautrec con una copa del hada verde en la mano frente a una tela en blanco dispuesta a dar forma a sus delirios e imaginaciones.
CRÍTICA LITERARIA:
Bermellón: el cromatismo de la eternal dulzura.
Con la convicción literaria que otorga la genuina intención de las inspiraciones- bajo el auspicio del ingenio- “Bermellón”, de Chus Cuesta, entronca por méritos desgranados de generosidad creadora, párrafo a párrafo, con la Literatura mayúscula, intemporal, persistente más allá de los usos temporales de la creación, para afirmarse como valor universal en la línea de las más grandes obras.
Sé que Chus es autora del Siglo XXI, pero no exagero mi percepción. Sólo Werther de Goethe y su amor derrotado por Carlota y la amistad virtuosa de Guillermo, me otorgó el conocimiento del sentir expresado en la consciencia de una emoción eternal. El Henri Toulouse Lautrec de  “Bermellón”, me ha constatado el amor puro, redivivo y exultante en mi emoción lectora. La sutil descripción de valores universales como el Amor y la Amistad, abarca una concepción literaria inesperada que me ha entusiasmado por la esencia de su genialidad tan sencilla como nada frecuente.
“Bermellón” es una miscelánea de contrastes que narra, acaso con ritmo poético que se capta con el alma, el don de los creadores que es toda una disquisición ante un mundo previsible. Henri, McGregor, el Veneciano, Tapiés, conforman una unidad de nobleza conformada de una lealtad que emociona y asocia  los valores de la amistad excelsa. El devenir de los personajes torna la argumentación narrativa en una oda al amor, al compañerismo a ultranza, al significativo trance de una bohemia enraizada en el espíritu de las rebeldías, la consistencia de las fidelidades y la permanencia de la dulzura.
Chus traza ingrávidas líneas de magistral preciosismo que rubrica la autoridad del ingenio por las letras y una sensibilidad sorprendente que trasciende al propio lector. Sabia es la observación de los invisibles lazos de lo espiritual que se manifiesta a través del Amor y las relaciones personales que son en este libro de una belleza absolutamente embriagadora.
Con toda esta capacidad narrativa destaca la maestra descripción de la abisal incertidumbre de los sentires que maneja el destino, en apariencia servil, como lo es el del entrañable protagonista Henri. Ahíto de sensaciones en la nobleza de su entorno- que le convierten  en hombre libre aun con las cadenas impuestas de las limitaciones físicas- Henri acaba encontrándose con las capacidades de la expansión del alma que vuela ligera hacia Céline, un reto en el paradigma del amor que le da y le quita la vida.
Henri se nos allega en la inquietud del amor que contemporiza con la genialidad y nos  transforma la cotidianeidad de lo circunstancial, paradigmáticamente, en la intimista resolución del exclusivo altruismo amoroso. Un altruismo que suaviza las taras, como cicatrices de un impedimento para el propio espíritu de lo batallador, con el dolor de lo consciente y el anhelo esperanzador de lo imposible. El arte y el enamoramiento se conjuntan en color bermellón, como la casualidad de un pincel que obedece los designios de un artista, presto a retratar su propio sentimiento cuando posa el objetivo de su ensoñación personal.
El gran simbolismo de la paradoja en la ausencia, aun con toda la plenitud del fondo de las almas que se separan aprendiendo todo la una de la otra, queda vinculado por el cariño expreso del Amor a pesar del conocimiento de su imposible.
Céline busca la universalidad en el triunfo personal, gracias al impulso de un Henri que le alecciona el alma; un enamorado  que guarda celosamente la expresión del Amor infinito que le sublima y le da la espalda. Con todo, sí, amor sublime.
Es sorprendente la facilidad de la autora para mimetizarse, como experta del alma, con tantos conocimientos multidisciplinares que dan clara noción de la profundidad de su espíritu creativo. El reflejo exacto de una época, la interpretación del arte pictórico y literario; la aguzada percepción de la paradoja para resolverla con hermosas sentencias, son algunos de esos conocimientos multidisciplinares que dan consistencia de estilo único a un modo de ser y expresar, literariamente arrebatador.
La vasta extensión de las posibilidades literarias con la eficacia en el ordenamiento de las palabras, muestran de manera ilimitada- los recursos personales como autora lo son- la certeza de la obra maestra, en la intimidad creativa, de una mujer actual, a la altura de los mejores… de épocas pasadas.
Chus no sólo conoce la analítica gramatical, desentrañando la maestría que concibe la lógica ordenada del castellano con pleno dominio, también instrumentaliza esa maestría para canalizar la infinita esencia del alma sentidora; la que se desparrama con ingenio para abarcar la medida de lo eterno a la comprensión humana, con la sencillez de un espíritu muy versado y evolucionado que comprende ciertamente los misterios sobre el prodigio del Amor verdadero.
Después de ahondarme en la versátil ingenuidad de almas tan nobles que contiene “Bermellón”- a pesar de la acerba teatralización de una vida demasiado real que forja en dura fragua el espíritu- perdura una impresión de dulzura resolutiva que me ha convencido profundamente. Mucho habré de leer este libro, convertido en favorito de mi vida, pleno de una retórica intimista de rebosante sabiduría.
Esta lectura me ha dejado la impronta de un deseo “Bermellón”… imaginar la mirada de la autora cuando escribía esta impresionante obra, para poder percibir la magia de un virtuosismo inspirado, capaz de tanto en contadas páginas de inmenso deleite lector.
Después de ser testigo lector de estos ingenios, ahora comprendo en su justa medida las acepciones de goloso y dulce que lleva la dedicatoria de nuestro libro por parte de su autora. Estas impresiones de Literatura mayúscula siempre permanecen y ya voy buscando otro libro de Chus Cuesta. Impresionante inspiración del alma.
Ignacio Fernández Candela
Escritor-Pintor artístico

Fuente: http://resenyasliterarias.blogspot.com/

Una respuesta a ““Bermellón” de Chus Cuesta, una reseña de Ignacio Fernández Candela

  1. La expresión de gratificante sorpresa se sonsaca de cada uno de los párrafos de esta reseña literaria que se escribió sola, después de leer el “Bermellón” de Chus Cuesta. Esta obra alecciona el alma lectora.

    Todo amante de las Letras debería probar este nectar puro de Literatura actual que lleva en esencia un virtuosismo creador intemporal. Nada como comprobarlo uno mismo y vivificarse en su lectura. Imprescindible.

    Una grata sorpresa que te hagas eco de “Bermellón”, Fran, y sin previo aviso . Bien intuyes ,como excelente autor que eres, donde se encuentra la buena obra. Muchas gracias.