“Martina”

Martina, la rosa número trece.
Ángeles López.
Seix Barral. Barcelona. 254 p.  Martina, la rosa número trece

Raúl Tristán

He de confesar que cuando este libro llegó a mis manos, con la finalidad de que llevara a cabo una breve crítica literaria (o más bien reseña), afronté su lectura con ánimo curioso y esperanzado. Y explicaré el porqué.

La novela de la escritora y periodista Ángeles López anuncia en su contraportada ser un sucinto recorrido por la triste vida de Martina Barroso, una de las jóvenes conocidas como â??las Trece Rosasâ?, nombre que se le dio a un grupo de trece muchachas, militantes todas ellas de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), que fueron fusiladas el 5 de agosto de 1939, en Madrid, por represores franquistas. Y, dado que nos hallamos inmersos en una época que impulsa, entre otros desde el ámbito literario-cultural, lo que se ha dado en conocer como â??revisionismo históricoâ? en torno a la Guerra Civil Española y la posterior etapa de dictadura franquista, llegándose incluso a elaborar por parte del Gobierno la que se conoce como Ley de la Memoria Histórica (controvertida en muchos de sus aspectos) y que yo mismo había tratado esta temática en mi novela â??¡Hasta siempre, camaradas!â? (Mira Editores, 2006), digo que, estos factores generaban en mi un interés especial por su lectura.

Sin embargo, debo admitir que, desde las primeras páginas, la tentación de abandonarla se halló presente. La novela citada, pese a ser prologada por Muñoz Molina y haber visto la luz de la mano de una editorial de prestigio, no alcanza en sus comienzos, y siempre desde mi humilde punto de vista, la calidad literaria mínimamente exigible a una obra que, dentro de lo que podríamos llamar novela histórica, aborda una biografía, una experiencia vital y unos acontecimientos que tratados desde otra óptica creativa podrían haber traído al mundo una obra digna de valorar y de figurar entre los volúmenes de una virtual biblioteca de novelas sobre la Guerra Civil y la posguerra, como quizás (no lo afirmo al no haberlas leído) sea el caso de  Las trece rosas (Siruela, 2003), de Jesús Ferrero o de Trece Rosas Rojas (Temas de Hoy, 2004), de Carlos Fonseca.

Martina parece haber sido publicada sin las preceptivas revisiones de rigor, haciendo particular hincapié en lo referente a la corrección de estilo.

Así, se observan ciertos modos de escritura que constituyen casi un vicio particular de la autora y que resultan cansinos, rompen la lectura, llegando a provocar aborrecimiento. Observamos el abundante recurso a extraños experimentos literarios con los adjetivos o las comparaciones, las metáforas, como la expresión enfáticos años (p.27),  pensamientos leñosos (p. 35), caja hermosa y grave (p.46), decadencia ojival y descarnada (p.48), casas� calafateadas de balcones (p. 59), el bordillo de una taberna (p.60), un aura de normalidad (p. 60), sin desabrocharse del brazo (p. 60), consecuencias de techo alto (p.72), adversas sábanas (p. 109), estructura de voz cercana al acero (p. 146), mirada rápida y filosa, como la del pedernal (p. 146), una silla imposible de habitar (p. 146), como un anuro con pólipos (p. 171), licor fogoso (p. 218). O el empleo de expresiones que no cuadran en puridad: contraviniendo lo que de veras estaba pensando (p. 130) (se contravienen órdenes o mandatos, no pensamientos�); sonó tan esquinado como los campos de lignito (p. 143), Martina desabrochó la certeza (p.180), un dolor ingrávido dotado de una masa atómica letal (p. 225).

O el abuso de términos unidos mediante guión (incluso varios en la misma página): nuevo-luego (p. 28), pecho-vértigo (p. 42), rosario-rosal (p.43), risa-llanto-lamento (p.43), necesidad-necedad (p.44), hombre-miliciano-ancestro (p. 70),  cabo-sargento-teniente-comandante (p. 72), niña-mujer (p. 106), ya-voy (p.108), muerto-yerto (p. 144), comisaría-checa-cárcel provisional-recinto (p. 156), recinto-habitación-alcoba (p. 165), sala-habitáculo-recinto-habitación-alcoba (p. 166), recinto-capilla (p.217), cartas-testamento (p. 217), cuerpo-motivo (p. 231) en una pretensión poética que resulta contraproducente. Con el avanzar de las páginas, esa concatenación mediante guiones lo será mediante punto y seguido, o coma, en muchas ocasiones de términos sinónimos o que guardan alguna relación: p.ej. â??â?¦aquella estancia. Sótano. Mazmorra. Bodega. Subterráneo.â? (p. 200), â??â?¦de celdas â??calabozos, ergástulas, chabolos-. Noâ?¦â? (p.199), â??â?¦mis investigaciones â??averiguaciones, periplos, indagaciones-, tuâ?¦â? (p. 191), â??Fotocopiados, microfilmados, subrayados, estudiados.â?Â  (p. 194).

Uno de los elementos a cuidar en la escritura es que no se produzca la repetición inadvertida de vocablos que para el lector avezado se hace del todo visible. En el caso que nos ocupa, este mandamiento se incumple de modo flagrante: un término como metrónomo, que resulta inusual y por ende llamativo para el lector, se presenta en las páginas 35, 45, 52, 211; ingrávido/a (29, 46, 47, 225); algo parecido a lo que ocurre con el verbo enfilar (59, 61, 63, 66) o afanar (56, 57 por dos veces, 61), ecuánime y paralela (74, 75), certeza (en las p. 180 y 181 por tres veces) o la tal vez intencionada cadena jurisconsultos, juripresentes, juriomniscentes (200, 213). Así como reiteración de la comparación lémur (199, 212). O la similitud en el empleo de curvada, corvas, corcovada, encorvada. O la del color de los muros: â??â?¦muro gris. O rojizo; o mezclaâ? (p. 221), â??â?¦el muro ocre, rojizo, grisáceo o marengoâ?¦â? (p. 222), â??â?¦el muro gris â??ocre, ceniciento,â?¦â? (p. 224).

Se dan también párrafos por doquier en los que se encadenan oraciones hiperbreves, mediante punto y seguido. Un recurso que aquí, y debido al abuso del mismo, en lugar de enfatizar, de aportar contundencia a la acción, al sentimiento expresado, consigue cortar continuamente el hilo discursivo. Y mientras tanto, en otros párrafos se nota ausencia de comas�

O la ortografía: ostias, por â??hostiasâ?, en las páginas 104 y 122.

En definitiva, una trágica historia real que podría haber sido muy bien narrada, novelada, pero que se ha desperdiciado por la ausencia de una adecuada corrección de estilo y el abuso de un lenguaje pretendidamente poético pero que no resulta ser sino un experimento fallido.

Una respuesta a ““Martina”

  1. Hasta ahora no había leído nada de Ángeles López, pero creo que con esta novela he tenido suficiente. Desde el punto de vista histórico me ha parecido un documento interesante y no dudo en absoluto de la veracidad de los datos que aporta la autora, lo que me sorprende es que Antonio Muñoz Molina haya firmado el prólogo de una obra de tan escasa calidad literaria, por muy testimonial que sea su contenido; de hecho, compré el libro porque me importa, y mucho, que se mantenga viva la figura de esas trece mujeres y de todos los que perdieron la libertad y/o la vida por luchar contra el fascismo. Pero, aún sabiendo que estaba basada en hechos ciertos, yo esperaba una obra narrativa digna de ser prologada por el ilustre académico. En mi opinión, Ángeles López abusa de la retórica y se recrea excesivamente en la pomposidad de su rebuscado vocabulario, convirtiendo una historia, que, a mi juicio, debiera ser de obligado conocimiento, en una novelita pretenciosa, cursi, cansina y, desde un punto de vista literario, nada recomendable. Una lástima.