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Estela Alcay, Ángel C. Millán, Genoveva Rodea y la música de Nico Cassinelli en Relatos en la Campana

Almudena Vidorreta, Brenda Ascoz y Nico Cassinelli en Poesía para Perdidos

De nuevo y para cerrar el ciclo de primavera recital de Poesía para perdidos organizado por la A.A.E. y con las poetas Almudena Vidorreta y Brenda Ascoz y la música de Nico Cassinelli.
El horario de comienzo será a las 22h00 y el lugar La campana de los perdidos en la c/ Prudencio nº 7 de Zaragoza.

ALMUDENA VIDORRETA

 

Almudena Vidorreta

Almudena Vidorreta Torres (Zaragoza, 1986), licenciada en Filología Hispánica y máster en Estudios Hispánicos (Lengua y Literatura), trabaja actualmente en la Universidad de Zaragoza, donde desarrolla su tesis doctoral en torno a la Literatura española del Siglo de Oro. Ha publicado Tintación (Eclipsados, 2007), Ojos que no ven (“Premios a la creación joven” del Instituto Aragonés de la Juventud, Gobierno de Aragón, 2007), Algunos hombres insaciables (Accésit del Premio de Poesía “Delegación del Gobierno en Aragón”, Aqua, 2009) y Lengua de mapa (XXII Premio de Poesía en Castellano “Universidad de Zaragoza”, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2010).

POEMAS:

MUTILACIÓN

y de las ciencias el estudio grave
que alza la mente la región del cielo

Espronceda

Que vino un ángel y le cortó las alas
porque hubo quien tuvo miedo
de verla volar más alto,
más lejos de lo que un poema suyo
pudiera siquiera evocar.
Castigo inútil.
Tuvo piedad el mensajero
con el suave bálsamo de la palabra
porque, viéndola indefensa,
le recordó que la mente
se alza por la ciencia y su estudio grave
hasta la más alta región del cielo.
Y voló.

Te lo advierto, si es que nunca antes lo hice:
inútil proseguir con las mutilaciones.

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CEREZO

Me corté los años
en el tronco del cerezo que arrancasteis,
como si fueran mis días una señal más
confundida entre los círculos concéntricos
que lo hacían diferente a cien mil otros.
Vomitamos su fruto por temor a los gusanos
y así también lo dejamos arder
para aprovechar la madera
sin preocuparnos lo más mínimo
del olor que desprendía o del periodo de quemado.
Debiéramos haber sangrado resina los dos
pero estaba seca ya en sus cicatrices.
Si hubiera estado cerca todo el tiempo
sabríais que no es posible arrancar de raíz
tanto amor y tanto miedo de la tierra.
Los cerezos de corazón
y el corazón mismo de los hombres
tienen eso,
que siempre dejan algo de su esencia
germinando incontrolable
en el lugar donde crecieron y dieron fruto,
aunque a veces, de una forma inesperada,
sean expulsados de su hueco
o se hayan convertido por exceso de azúcar
en mero pasto dulce de gusanos.

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Cuando quedan posos de café
en el fondo de una de nuestras tazas
está mi piel queriendo ser bebida por la tuya,
la suciedad de mis uñas limpiada por tu lengua,
los restos de mi renuncia a lo que me ofrece la vida:
dar más vida.
Y es mi pelo lo mismo que el café:
incapaz de saciar tu sed entre los dedos
y peligroso remanso de nervios en tus dientes.
Enredada en las cicatrices que te dejó la vida
y cada una de las peleas a puño abierto,
soy más yo que todas las demás
aunque a veces te hiera en lugar de curarte.

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BRENDA ASCOZ

Brenda Ascoz

 

Brenda Ascoz: Nacida en Torrejón de Ardoz (Madrid) en 1974, me trasladé con mi familia a Valencia cuando apenas tenía dos años. Desde 1998 resido en Zaragoza, lugar donde ejerzo -a veces- como Enfermera Especialista en Salud Mental. He publicado poemas y relatos en distintas revistas y participado en festivales de poesía como Versátiles, en Valladolid, o el Raamatunädal, en Tallin (Estonia).

 

POEMARIOS:

-Écorche: Editorial Eclipsados. Zaragoza. Febrero 2009.

-En Ajeno: Editorial Chorrito de plata. Zaragoza, 2007.

 

ANTOLOGÍAS:

– Tres heridas, Antología de nueva poesía amorosa española , Armenia, 2011.

– Viscerales (prosa), Ediciones del Viento, La Coruña, 2011.

– Yin, Olifante ediciones de poesía, Zaragoza, 2010.

VIII Festival Internacional de Poesía Moncayo. Colección Papeles de Trasmoz.

Olifante ediciones de poesía. Zaragoza, 2009.

– 23 Pandoras, Editorial Baile del Sol, Tenerife, 2009.

– José Antonio Labordeta: creación, compromiso, memoria. Rolde (Zaragoza) y Ediciones Autor (Madrid), 2008.

– Más detectives salvajes, Revista Criaturas Saturnianas #7, Zaragoza, 2007.

– Ocultación transitoria. Poesía. Editorial Rolde, Zaragoza, diciembre 2007.

– El viento dormido. Cuento. Editorial Eclipsados. Zaragoza, junio 2006.

– Voces del extremo. Poesía, Fundación Juan Ramón Jiménez. Moguer, julio 2006.

 

 

POEMAS:

 

 

Pues bien, entonces

permitamos que se ablanden nuestros huesos. Quiero

-¿no es acaso adaptación?- un coxis ligero

y unas falanges capaces de fundirse en el agua,

de viajar en ella. Quiero un rincón donde piedra y alma

puedan abrazarse y el color cobrizo

de la copa de un árbol.

Qué mejor regalo que este deshacerse

en un flashmob multitudinario las tablas de Moisés

y todos

los mandamientos escritos por todas

las religiones del mundo, todos los poemas

sustanciados en uno solo y solo poema

inmune

a la rotura y al sueño,

al verso, al encabalgamiento y al sueño;

los huesos

en disposición aleatoria, los colores

cálidos, la magia

sobre el lienzo en blanco.

 

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Adoraba

la parábola del hijo pródigo,

del hijo que regresa, humillado,

y pide perdón

al padre que todo lo puede.

 

El perdón del padre

como una extraordinaria

ostentación de poder.

 

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Cumpliré 35 años en septiembre y empezaré

a alimentarme de recuerdos y objetos.

 

En realidad, ya lo hago. Puedo interpretarlos como interpreto los silencios

o leo en las pupilas historias

-no siempre ciertas-

de sueños alcanzados

o pérdida o renuncia.

 

Traedme pues a mi jaula de tiempo esta noche

algunos objetos,

apagad por una vez

la realidad alternativa de las pantallas.

Alejémonos de la ciudad, pero de otro modo,

dejándola fuera con sus ruidos y su aliento neumático.

Traédmelos.

Son los objetos quienes nos acercan desde el pasado

esos largos monólogos de escorizaciones blancas

que sostienen la Historia,

 

traen niebla en sus manecillas

los viejos relojes que heredamos.

Traédmelos pues.

Solo ellos poseen ahora

el don de ofrecernos respuestas

allí donde no fue formulada

pregunta ninguna.

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Dos horas de sueño y los ojos ardiendo.

Solo me trajisteis un lápiz -este lápiz-

y un cuaderno -este cuaderno-.

Aunque no soy zurda, escribo ahora con la mano izquierda.

Y, por una vez, lo hago

sin ángeles ni espejos.

Sí estatuas,

que se erigieron a los hombres equivocados

-nunca a las mujeres:

no se equivocaron con nosotras-.

Solo me trajisteis un lápiz y un cuaderno

y, aunque no soy zurda, escribo ahora con la mano izquierda.

 

En septiembre, 35. Incluso en el recuerdo

esperamos,

pero la esperanza

no es suficiente y una copa de coñac no basta

para cambiar la percepción de las cosas.

Sí la tristeza

la tristeza, todo lo cambia. También la memoria.

Sin embargo

no he olvidado ni una sola de todas las oraciones que aprendí en la infancia,

aunque olvidara cómo rezar a los dioses,

porqué rezarles,

del mismo modo en que he olvidado por fin

la necesidad de hacerlo.

 

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NICO CASINELLI

 

Fuente:

http://poesiaparaperdidos10.blogspot.com.es/

 

Vuelve el ciclo “Poesía para perdidos” con Alfredo Saldaña, Ignacio Escuín y la música de Nico Casinelli

A las 22h00 del sábado 29 de octubre el ciclo de Poesía para perdidos vuelve a realizar sus recitales en La campana de los perdidos con los poetas Alfredo Saldaña y Nacho Escuin y la actuación músical de Nico Cassinelli.

Alfredo Saldaña

Alfredo Saldaña

Poemas:

Y seguir caminando,
avanzar, conversar hasta caer rendidos,
convencidos de que no hay horizonte irrebasable
y de que el fin se encuentra en el camino. 

Pasar, traspasar.
Ser digno de la piedra, raíz del canto.

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Cuando la devastación haya concluido su trabajo,
¿quién avivará el fuego en las mañanas de invierno?,
¿quién dará testimonio con su palabra?,
¿quién conservará en sus pupilas los paisajes de la memoria?,
¿quién calmará la sed de todos los vencidos?,
¿quién rasgará con su faca la línea quebrada del horizonte?,
¿quién dirá sin temblar “esta boca es mía” en contra del tirano? 

Entre los pliegues de su corazón el bosque aún protege su secreto.

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Ahora sé que el dolor es solo la idea del dolor, un lugar irreductible al lenguaje, no es más que sentir —como escribiera Artaud— cómo se desplaza el pensamiento en uno mismo. Ahora sé que la herida ocasionada por la ausencia se cierra en el encuentro con el silencio, más allá de las palabras con las que nos presentamos y en las que creemos reconocernos ante los demás. Ahora sé —lo he leído— que el dolor carece de nombre, de imagen y de identidad, no es de nadie, ni tuyo ni mío, es de todos y sé también que cuando alguien cae en la batalla todos, de un modo u otro, caemos con él. Ahora sé que hay un mundo más allá de este mundo, una casa dentro de esta casa, unas líneas ocultas entre las líneas escritas de este texto, un atardecer perdido entre el día y la noche. Ahora sé que todo fue un sueño, que mi corazón fue una construcción de tu conciencia y que hoy descansa entre libros, sobre las estanterías de escayola de este cuarto abuhardillado, entre la tierra y el cielo, entre la memoria y el deseo, entre la sangre y el aire, sobre el recuerdo histórico de todos nuestros muertos. Ahora sé que solo soy un personaje de ficción cuya sangre alguien está transformando en la tinta impresa de este texto: soy ya un texto, tejido textual, cuerpo devenido en discurso que fluye como la corriente de este río. Alguien me escribe —quiero decir que alguien está reduciéndome a escritura— y sé que jamás leeré lo que los ojos del murciélago trazaron con su mirada sobre la superficie de las aguas. Ahora sé su nombre y dos o tres cosas más.
 

Ignacio Escuín

Nacho Escuin

Poemas:

PRIMERO FUE AZUL

todo Azul, en contra de lo que se cree,
la inmensidad, el océano, el cielo
los ojos de Eva
que hicieron a Adán perderse.
Si eres de los que aman el Azul
y lo lejano,
el hematoma azulado provocado por un golpe
en otro rostro,
los ojos de Pilar
que como los de Eva te invitan a la perdición,
si eres de esos entenderás
que el Azul es el inicio y fin de todas las cosas.
Para Brenda el número cuatro es Azul
al igual que la letra e
y tiene sueños de colores,
ella habla de colores con palabras
y las letras muestran entonces sus colores
como tú y yo hablamos de palabras con palabras.
Esto es indiscutible:
primero todo fue azul
la inmensidad, el cielo, el océano
los ojos de Pilar.

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Si esto fuera Lisboa yo podría hacerte creer en algún café que soy heredero de Pessoa, o rodeados por las luces amarte y decirte que un collar de uvas blancas nos abraza. Adoro las luces de Lisboa, redondas y descomunales, sueño con ellas tantas noches que al despertar creo estar allí en ocasiones. Pero no, mire donde mire no encuentro Lisboa, y quizá tampoco encuentro lugares más cercanos y conocidos. Busca Lisboa en tu corazón y llena tus manos de su primavera, aquí y en mi pecho hace frío.

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Mechanical wonder

Se va el verano como se va el amor
y todo lo demás se va
y los jóvenes de pieles bronceadas
se funden en abrazos y besos dulces
y se aferran unos a otros
cuando caminan por las calles
y arrastran sus sandalias por el asfalto
aún caliente como sus cuerpos.
Esta es su aportación a la modernidad,
ellas y ellos calzados iguales
los talones desgastados pidiendo guerra,
sus cuerpos bellos encendidos
y no sabría ya a cuál amar más.

Pero no nos engañemos,
enamorarse no es tan fácil
es hacer a alguien único entre el resto
y yo podría encontrar toda la belleza del mundo
en todos sus cuerpos.

Y camino junto a ellos
y viajo con ellos en el tren, en el autobús,
y los miro despreocupados
sin un hogar propio al que volver cada noche
en estado de gracia, sin dinero
o con el dinero justo para ser felices
y no querer más, y tanta belleza
que podría amarles hasta quedar agotado.

Llenan las plazas, los paseos
y los bares y hay mujeres jóvenes
que beben coca-cola y marcan los vasos
con sus labios carmín
como marcan a los hombres jóvenes afortunados.
Y yo me deslizo de un lugar a otro
viendo todo esa alegría
ese gran contenedor de belleza
en el que vais a convertir el mundo,
todo gracias a esa mecánica maravillosa del amor
que nos enloquece.

 


Nico Casinelli