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El viaje a la felicidad, de Eduardo Punset, una reseña de Manuel Cortés Blanco

Ediciones Destino

Barcelona, 2011; ISBN: 9788423838886

267 páginas (edición de bolsillo).

 

Manuel Cortés Blanco.

Médico y escritor.

http://manuelcortesblanco.blogspot.com

 

Viajar es un verbo lleno de posibilidades. Puede hacerse solo o acompañado, prendido de una mochila o dentro de una maleta, por tierra, por mar, por aire… Y por supuesto, leyendo un libro.

Desde tal convicción, Punset nos propone a través de esta obra un viaje hacia otro destino fascinante: la mismísima felicidad. A lo largo de ocho capítulos con sus apartados correspondientes, se analiza dicho estado emocional en sus diversas facetas: su sustrato biológico, los factores condicionantes, tantas causas de la infelicidad, o la propia fórmula para alcanzarla. Avalado por múltiples trabajos, su experiencia y una detallada revisión bibliográfica, Punset repasa muchos de los descubrimientos más recientes sobre este tema, invitando desde ellos al lector a reflexionar.

De entre los “más” del libro, el rigor que transmite, la disección completa de un tema que a todos nos interesa, y su capacidad para hacernos pensar con argumentos fundados sobre nuestra vida o nuestros miedos –no en vano, se define precisamente esa felicidad atendiendo a su ausencia-, sin que por ello lo considere una simple obra de autoayuda. Tampoco es un tratado de verdades absolutas –mucho menos en estos tiempos que corren-, admitiendo la crítica reflexiva a cualquiera de sus afirmaciones y a esos componentes de la fórmula para ser feliz. De entre los “menos”, que en ocasiones el lenguaje resulta demasiado técnico –y que conste que soy hombre de ciencias-, habiendo encontrado algunos párrafos extremadamente densos e incluso difíciles de asimilar.

Como buen viajante, siempre he dado más importancia al camino que al destino, a la mochila que al billete. Y así, parafraseando al propio Punset, he acabado descubriendo después de leerle que a veces nuestra felicidad está escondida en la maleta de la felicidad.

 

“Siete paraguas al sol”. de Manuel Cortés Blanco, una reseña de Pilar Moros

En Siete paraguas al sol, Manuel Cortés,  nos refleja las vidas de siete mujeres que tienen un origen común: Un pequeño pueblo de Castilla.

A través de ellas viajamos a distintas ciudades y momentos de la historia. Madrid, Frankfurt, Buenos Aires, Kigali, New York, Bagdad.  Como en una imagen proyectada en el tiempo,  nos retrata en unas cuantas líneas la vida de un lugar en un momento concreto. La emigración a Alemania en los años setenta, las secuelas de la guerra de Irak, el éxodo del campo a la ciudad, los desaparecidos durante la dictadura argentina, los conflictos interétnicos en Ruanda, las dolencias de nuestro mundo en una ciudad como New York…

Con la divisa: “Que llueva no depende de ti, que lleves paraguas, sí”, nos abre el camino de la esperanza. No podemos cambiar ni controlar lo que  acontece en nuestro camino,  pero tenemos la posibilidad de elegir nuestra actitud frente a la realidad que vivimos.  Manuel Cortés, comparte con nosotros vivencias soñadas, pensamientos vividos, sueños pensados que nos conducen a plantearnos preguntas, a reflexionar sobre la vida y la muerte, a un viaje interior donde cada uno forja sus propias creencias en la sabiduría de aprender a vivir.

Refranes, leyendas, cuentos, proverbios nos acompañan en la lectura de “Siete paraguas al sol”, para trasladarnos a esos recuerdos de la infancia, donde los cuentos llenaron nuestras noches de sueños y quimeras, y que todavía hoy nos ahuyentan  alguna que otra soledad… Soñemos, escribe Manuel, dejemos volar nuestra imaginación, para que esos sueños se armonicen en deseos y nos ayuden a realizar lo que sí podemos hacer.

Un viaje inolvidable por las estaciones del alma. Un origen con un punto de partida, un reencuentro en el mismo lugar, donde “siete paraguas” se transmutan para ser el símbolo del amor y la unión. En la cercanía y en la lejanía, allá donde nos encontremos y lo que vivamos, nuestra verdadera suerte no está en lo que nos ocurre, sino en cómo lo vivimos.

La magia de la literatura es poder transmitir realidades distintas, Manuel Cortés escribe para compartir; recuerdos, sueños e ilusiones, y algún cuento alrededor de un tazón de chocolate. Y quizás un solo relato de esta novela pueda cambiar la perspectiva de vida de cada persona que lo lea, forjando una esperanza nueva que le ayude a vivir con una sonrisa. Es su deseo y lo comparto con él.

 

“Vamos a jugar” de Mercedes G. Rojo, una reseña de Manuel Cortés Blanco

Vamos juntos a jugar

de

Mercedes G. Rojo

SisTemasEditoriales.

Astorga, 2008; ISBN: 97884936724-0-9.

213 páginas.


Manuel Cortés Blanco.

Médico y escritor.

http://manuelcortesblanco.blogspot.com

 

Me encanta la lectura de un buen libro, ya sea de ensayo, novela histórica, colección de cuentos o de poemas. Y desde esa afición estoy convencido de que quien no lee, no sabe lo que se pierde. A veces cae en mis manos algún ejemplar que recoge aspectos de nuestra cultura, con los que siempre acabo sorprendiéndome, sonriendo y -por supuesto- aprendiendo. Este ha sido el caso de “Vamos juntos a jugar”, en el que Mercedes G. Rojo nos invita a un paseo intergeneracional por cuarenta juegos infantiles tradicionales, combinando la información obtenida de un grupo de mujeres mayores con los dibujos relacionados de alumnos de segundo de primaria.

Desde una perspectiva pedagógica, la autora clasifica esos juegos por categorías, según dónde, cómo y con qué se realicen, detallándose en cada uno los elementos necesarios para su práctica, el número de participantes, los espacios y tiempos establecidos, sus normas de desarrollo, los años y los lugares de localización. Muchos de ellos se completan con propuestas didácticas desde la Educación Ambiental, letras acompañantes, variantes o antecedentes. El escondite inglés, Tres en raya, las Tabas, la Pita ciega, los cromos de palmar… Juegos en muchos casos rescatados del olvido, que se desmenuzan entre ilustraciones y apuntes teóricos con una cercanía singular.

Me encanta la práctica de un buen juego, ya sea en la calle, con un juguete o aprovechando cualquier elemento natural. Y después de la lectura de este libro, me reafirmo en otra convicción: quien no juega, tampoco sabe lo que se pierde.