“ORUÑA” de José Ángel Monteagudo

Título: ORUÑA

Autor: José Ángel Monteagudo

Editorial Certeza
(Colección Cantela)
Zaragoza, 2008, 94 pnas.

TO BUILD OR NOT TO BUILD por José Luis Gracia Mosteo

Gruña, como la llaman localmente, u Oruña, es el nombre de un cerro que se halla en las cercanías de Vera del Moncayo; una colina donde se encuentran las ruinas de un poblado celtíbero próximo al monasterio de Veruela, donde el autor de este libro teje una historia doble de recuerdos y heroísmo en una interesante nouvelle que inicia su carrera narrativa.
José Ángel Monteagudo es un escritor y estudioso que ya antes había dado a la estampa dos ensayos sobre la zona: Vera de Moncayo. Memoria Histórica (2005) y Los hermanos Bécquer, la mirada costumbrista (2008), además de un par de poemarios: Labrador Habla (2003) y España de Damocles (2004), que certifican su curiosidad lectora y su capacidad literaria.

Hace veinticinco años que ejerzo la crítica y, aunque a trancas y barrancas, creo haber desarrollado ese criterio que otorga el estudio de la Historia de la Literatura y el ejercicio de la lectura y su comentario continuado. Jamás se me ocurriría, por contra, escribir sobre medicina o leyes. Creo diferenciar una sextina de una sextilla o una metáfora de una metonimia, del mismo modo que pienso que sólo se puede comprender El otoño del patriarca de García Márquez si se ha leído a Tirano Banderas de Valle Inclán, o a los Novísimos si se conoce la poesía helenística. No soy de fiar, es cierto. En 1984, el profesor Valbuena Prat me llamó como teacher assistant de su cátedra de literatura en la Universidad de Delaware (EEUU) en sustitución de la profesora Carmen Pérez que regresaba a España, pero engolfado como estaba en la Movida (eran los 80), tras imitar a Hamlet durante meses con el contrato en lugar de con la calavera, elegí la compañía de las chicas de Madrid, los amigos con querencia por el vino y la literatura en primera persona. Si hice mal, lo dirán los lectores. Así que, volviendo a la reseña, espero ser fiel a ese destino que me hizo crítico antes que escritor.

Oruña es la narración de un pasado mítico atractivamente evocado; un tiempo brumoso, ese de la Iberia que acabaría siendo Hispania, y la lucha de sus orgullosas tribus contra al invasor (Roma) civilizador (la historia, como escribieron Pitágoras y Nietzsche, es un eterno retorno: algo parecido ocurriría entre Napoleón y la España decimonónica, pero con diferente suerte); en definitiva, el dilema entre identidad y razón. Si a esto añadimos que está contada con un español modulado y frecuentemente lírico; un español que se ajusta al argumento y donde cabe destacar los poemas intencionadamente arcaizantes y el aroma épico de una trama que engancha, no podemos sino dar la bienvenida al autor.

Sin embargo, esta interesante historia está intercalada de largas digresiones geográficas, arqueológicas e históricas contadas en off y desde la actualidad; unas explicaciones que cortan esa “suspensión de la realidad” que debe ser una narración, pues su tono técnico y bibliográfico choca con el puramente literario. To be or not to be. That is the question. “Ser o no ser. De eso se trata”, traducen hoy a Shakespeare, corrigiendo la desusada “cuestión.” En Oruña sería mejor decir: To build or not to build: “Construir o no construir.” De eso se trata. De la arquitectura de esta nouvelle sustentada sobre la historia de Gelan, Bonakos, Nunn o Ana, pero también sobre notas de arqueólogos y excavaciones que, situadas en un apéndice final, habrían dejado la novela en relato y mejorado su tono e intensidad. He ahí la cuestión.
Por otra parte, quiero pedir disculpas por tanta digresión (yo, también), pero es la reseña de un amigo y el dilema estaba entre la amistad y la honradez. En todo caso, el mismísimo T. S. Eliot dejó escrito un libro titulado Criticar al Crítico, así que acepto cualquier veredicto.

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