«Leyendario»

Leyendario. Criaturas de Agua,
Óscar Sipán. Tropo Editores. Zaragoza, 2008

EL HACEDOR DE LEYENDAS

José Luis Gracia Mosteo

La busca de nuevas formas de expresión, es decir, lecturas de la realidad, produce resultados que causan asombro. Los siglos XIX y XX fueron pródigos en ello: desde el Prerrafaelismo (antepasado pictórico y poético del hiperrealismo), hasta el impresionismo de Monet pero también de Schopenhauer; pasando por el simbolismo de Mallarmé (“sugerir, no nombrar”)… Sin embargo, todo eso se queda corto con el estallido de las vanguardias: el futurismo de Marinetti, el arte dadá de Tzara, el surrealismo de Breton o Apollinaire que en España abrazaron  Alberti o Aleixandre, el creacionismo de Huidobro o Larrea, el ultraísmo de Guillermo de la Torre o Garfias…  Nada queda salvo su recuerdo anecdótico (sólo el surrealismo sobrevive.) Al final, la literatura y sus géneros tienen más de espejo (liso, cóncavo o convexo), que de experimento.
Aragón también tiene sus iconoclastas de hoy, siendo su mejor representante Mariano Gistaín, sin duda el ejemplo más brillante de la literatura de vanguardia: un autor que ha hecho del microrrelato y la elipsis una obra de arte. Por el contrario, hay buenos ejemplos de obras fallidas de autores que han hecho del “todo vale” su bandera en pos de la originalidad, es decir, “la realidad es caos, por tanto mis libros deben serlo”, olvidando que para transmitir la sensación de caos, por ejemplo, un libro debe ser de todo menos caótico, en caso contrario se convierte simplemente en ilegible;  autores, decíamos, que nos han entregado obras que no dejan de ser meros cajones de sastre con más agujas que hilos donde coser la lectura al pensamiento.
La publicación de Nocilla Dream ha abierto la espita de los narradores que se han subido al carro de la vanguardia olvidando que el primero que llamó a los dientes perlas era un genio, pero el segundo, simplemente un imitador. Agustín Fernández Mallo, autor de Nocilla Dream, es sin duda un escritor de talento (recuerdo cuando lo conocí, recitando en el café María Pandora, muy cerca del Viaducto de los suicidas de Madrid, en la compañía de la poetisa e investigadora Marta Agudo y del escritor Jordi Doce): me pareció tan estrafalario como deslumbrante; sin embargo, sus seguidores no dejan de ser meros oportunistas.
Por el contrario, existe una raza de escritores que ha hecho de la imaginación y las culturas (uso deliberadamente el plural), el leiv motiv de su quehacer. En el año 1977, por ejemplo, Juan Perucho, publicó en Madrid, un pequeño gran libro titulado Bestiario Fantástico con el que daba vida a una colección de monstruos como el Calígrafo que se encuentra con Mister Pickwick; el Fradacho (obsérvese el vocablo que recuerda al “ardacho”, palabra aragonesa que designa a los lagartos grandes); el Oso Reptil; el Palmarium, que interpreta cantos litúrgicos; el Bernabó o la Escabrosa, además del Papelero que absorbe la tinta de los manuscritos… Perucho, como Borges, pertenecía a esa escuela de escritores que reconoce que el mundo y el hombre son inabarcables y nunca acababan de ser contados.
Valga esta introducción para decir que en la literatura, y más particularmente en la narrativa, hay dos formas de enfrentarse al folio en blanco: la de quienes piensan que la novela nunca morirá (a quienes me sumo: soy de los que creen que la mejor formar de identificar a un mequetrefe literario es preguntarle si la novela ha muerto) y la de quienes sin haber escrito nunca una, declaran que está enterrada.
Óscar Sipán pertenece sin duda al grupo de los que piensan que ni está todo contado, ni están agotadas las formas de contar sin renunciar al argumento, marco y personajes. Sin embargo, lo que le hace distinto en el panorama literario, lo que le confiere originalidad, es que ha hecho de la leyenda su territorio.
Para ello, nuestro autor gasta una prosa límpida y evocadora que, aún contando los hechos más cotidianos, sabe cargar de un tono mítico y misterioso que, mediante una sintaxis lineal de sujeto, verbo y complementos, sumerge sin dilaciones al lector en la historia, algo así como cuando su homónimo Wilde (de prosa tan transparente como penetrante) retomaba un viejo asunto, el de la hermosa rechazada por el santón, por ejemplo, y lo convertía en sujeto literario de actualidad: he ahí su Salomé.
No obstante, lo que dota a la literatura de Sipán de singularidad, una vez certificada la calidad de su carpintería expresiva; lo que le otorga un lugar por derecho en nuestra literatura, es su juego con la lógica y la verosimilitud, su conocimiento y creación de las viejas y nuevas mitologías literarias, su realismo mágico llevado al extremo aunque sin caer en Carroll o Lewis, es decir, sin renunciar a lo más próximo.
Leyendario. Criaturas del agua, es buen ejemplo de ello.  Leyéndolo uno recuerda lo que escribió Baudelaire de Goya en sus Curiosidades Estéticas: “Sus monstruos son tan vitales y armónicos que lo grotesco alcanza lo sublime.” Algo casi parecido podríamos decir de Aveyron, el hombre con branquias de esta historia, y su amor contra natura por Zelda Zonk en este libro ambientado en una Zaragoza familiar pero irreal donde todo es posible: Nadal Baronio, Ismail Ax, ANCA (la Agencia de Noticias Curiosas), Francisco Weix director del Manicomio de Zaragoza, Loreta Salino, el pez Skrenta (medio lucio, medio atleta griego), el Anacronópete o aeronave del tiempo que girando en sentido contrario a la rotación de la Tierra logra acceder al pasado, el terremoto que hace fluir (el autor escribe “circular” en uno de los pocos errores del libro) las aguas del Ebro en sentido contrario, la huelga de sepultureros…, en una galería de personajes y sucesos que mantienen en vilo la atención de un lector que, a la segunda página, decide suspender todas las leyes de la lógica y el sentido común para sumirse en un universo donde lo maravilloso convive con lo habitual.
Si a ello añadimos que Leyendario. Criaturas del Agua va acompañado de un ramillete de ilustraciones de Óscar Sanmartín, sin duda uno de los grandes portadistas e ilustradores de Aragón a quien uno augura un brillante porvenir (he aquí nuestro Doré: un pintor con la humildad suficiente como para convertirse en vehículo semiótico de los sueños de un narrador) y cuyo trabajo espléndido debería ser objeto de estudio aparte, no podemos sino concluir que nos encontramos ante un libro que es también un objeto  estético, casi de coleccionismo, además de una obra literaria muy recomendable para todos aquellos que no renuncian a dejar libre su imaginación y gustan de lo fantástico bien contado.

2 Respuestas a “«Leyendario»

  1. Mientras unos se entretienen en pintar bodegones, Óscar rompe el hielo de los estanques congelados. Cada uno elige sus propias terapias, sus magos favoritos. Yo acudo a los libros de Óscar cuando el día amenaza ruina. Recordé otra de las frases del libro: escribir es colocar una bomba en la realidad y con los pedazos contar historias.

  2. «Pequeña joya ilustrada»
    Dicen que es un libro buscado en las librerías de viejo. Un libro raro, agotado. Los coleccionistas lo tienen bien guardado, expuesto en vitrinas blindadas. Los ingenuos y los advenedizos lo buscan por las estanterías más oscuras; preguntan por él, sueñan con su hallazgo. Pero es inútil. No está. Si aparece alguno no se pone a la venta. El librero sabe que hay clientes interesados. Les llamará por teléfono y se relamerá como un gato glotón al decirles el precio. Lo venderá con la tienda cerrada. En secreto. Con un hombre armado guardándole la espalda.
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