POR LA DIGNIDAD DE LOS ESCRITORES

La Declaración Universal de los Derechos Humanos: Artículo 27, inciso 2 establece: Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

Con independencia de que el escritor sea una persona que pone su vocación y su talento al servicio de un poema, una novela, una obra de teatro, un ensayo…, con independencia incluso de los resultados, es autor de su obra. Pues bien, este derecho inobjetable, por desgracia, en muchas ocasiones está lejos de ser reconocido. Se nos piden colaboraciones gratuitas, se nos ofrecen cantidades ridículas (75 céntimos de euro) por varias páginas escritas, nos proponen editar sin un contrato que garantice nuestros derechos como trabajadores… También nuestros lectores se adueñan del trabajo que difundimos a través de internet, sin siquiera tomarse la molestia de enlazar o acreditar un texto.

Como trabajadores, carecemos de derechos, no existe un convenio colectivo que nos ampare, unas bases establecidas de remuneración, un reconocido periodo de vacaciones… Para acceder a la Seguridad Social, la mejor solución es darse de alta como autónomo, pero para ello es imprescindible haber publicado cinco libros por cuenta ajena en ediciones españolas, con tirada no inferior a 2 000 ejemplares, y percibir una cantidad no inferior a 900 euros en concepto de premios o derechos de autor (se sobreentiende que por cada libro). Los colaboradores de prensa deben justificar el alta con dos o más publicaciones. Al morir, los derechos de explotación de nuestra obra pasan a nuestros herederos durante 70 años, después pasan al dominio público y el Estado se queda con ellos.

Por si fuera poco, las instituciones y los poderes públicos, lejos de defender la cultura y abogar por los derechos de los escritores, no solo dejan de tomar medidas que eviten los abusos o de dictar normas que protejan sus derechos, sino que gravan, con una irresponsabilidad manifiesta, su trabajo: IVA cultural, reducción de ayudas para financiar proyectos…

Camilo José Cela dijo en su día que los escritores son como los toreros y las putas: «pueden torear en festivales o joder de capricho, pero sin bajar los precios jamás». Como trabajadores, los autores podemos dejar que nos jodan, pero queremos poner nosotros las condiciones.

Asociación Aragonesa de Escritores

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