«Río Fugitivo»

Río Fugitivo; Edmundo Paz Soldán
Libros del asteroide, Barcelona, 2008

Colegiales de Cochabamba

Julio Cristellys Barrera

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Ha sido “Río Fugitivo”, novela del escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, no sólo una de mis primeras lecturas veraniegas sino, también y a mi parecer, una de las más interesantes obras narrativas contemporáneas publicadas durante la pasada primavera.
Transcurre la historia en Cochabamba, poco después del derrocamiento de Banzer, el dictador –finales de los años setenta, principios de los ochenta-, cuando Bolivia emprende una andadura democrática, impotente, sin embargo, para frenar la grave inflación heredada del anterior régimen, una situación próxima a la bancarrota nacional.
Es su protagonista Roby, un escolar del Don Bosco, un selecto colegio salesiano al que acuden los hijos de las mejores familias, no siempre las más adineradas, de Cochabamba, ciudad natal de nuestro autor, un detalle que, sin merma del ingrediente ficcional imperante en todo buen relato, tiñe con un nostálgico y elegante tono autobiográfico algunos de los pasajes de la obra, especialmente a su término.
Roby, el joven héroe de esta notable crónica, a veces utilizando el  tiempo verbal presente en alternancia con el pretérito, se nos revela como un muchacho en su último año escolar, un estudiante responsable, no repipi, muy aficionado a la lectura, con preferencia por las novelas policíacas, y obsesionado por imaginar un crimen perfecto, cuya trama sea el argumento de una historia que anhela escribir, puesto que, hasta la fecha, sus veleidades literarias se han ceñido al plagio de los argumentos ya creados por los grandes autores de este género.
Este aplicado escolar ha concebido una criatura de ficción, el detective Mario Martínez, cuyas hazañas y peripecias toman cuerpo en la utópica ciudad de Río Fugitivo, una suerte de Arcadia ideada por este muchacho que, a lo largo de la novela y sin empañar su sensato talante, nos confiará sus primeros escarceos amorosos con una bonita vecina, casada con un político, así como su rendida y ambigua admiración por el hermoso Mauricio, un condiscípulo, además de su amigo y primo, también su incestuoso deseo por Silvia, su hermana. Mas no sólo sabremos de Mauricio y de Silvia, pues Roby nos irá presentando a sus amigos y compañeros de clase -de algunos únicamente conoceremos el mote: Chino, Camaleón, Conejo, Salvaje-, a sus padres, un mal avenido matrimonio, a su hermano Alfredo, a Eulalia, la criada, a los salesianos Tejada y Belloni, dos de los más logrados, aunque secundarios, caracteres de la novela, así como a otros muchos que forman una entretenida y bien dibujada galería de personajes, cada uno con su historia a cuestas, tal vez lo único que parece interesar a este crecido y avispado colegial.
Una inesperada tragedia muta a tan adorable chico en el Mario Martínez concebido en las redomas de su exaltada fantasía, pero ya no es el divertido juego de un estudiante con ribetes de novelista y de sabueso, siempre obsesionado por indagar cuánto hay de hereditario en sus inclinaciones literarias, tanta es su fascinación por la existencia de un antepasado literato. No, el rastreo de esa muerte supera con creces las coordenadas de una mera investigación criminal, porque las pesquisas del colegial descorren el velo de las apariencias y, entonces, nada ni nadie serán ya tan buenos o malos como resulten a primera vista. De  este modo, Roby habrá aprendido que, en lo sucesivo y cuando haya de abandonar el colegio, su papel en la vida será otro muy diferente al de su acostumbrado personaje de aventajado escolar del Don Bosco, tal vez el único lugar que, en opinión de este lector y a pesar de sus fallas, ha sido su más abrigada morada.
Toda la narración ha sido trenzada por el autor con un suelto y elegante estilo, donde armoniza el desenfado coloquial con una exquisita sintaxis, siempre al servicio de sus diferentes situaciones –clases, francachelas, algunas gamberradas y algunos enamoramientos, entre otras- y del tono más apropiado a cada uno de los caracteres descritos en esta novela, cuya lectura recomiendo muy vivamente, pues a nadie, estoy seguro, dejará indiferente.

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