Nadie debería matar en otoño. José Luis Ibáñez
Espasa Calpe, Madrid.
2007. 368 págs.
Sucede la historia en Barcelona durante el otoño de 1.936, casi iniciada nuestra Guerra Civil, no siendo esta narración, sin embargo, un nuevo relato cuya trama se deslice en torno a este acontecimiento histórico tan socorrido, en estos últimos años y no siempre con fortuna, para ciertos escritores y cineastas. Los primeros meses de la contienda, el desconcierto de los ciudadanos, su pánico ante un inesperado timbrazo en la puerta de su domicilio, la creciente escasez de alimentos y una “floreciente” corrupción entre quienes denostaban los vicios de las clases pudientes son algunos de los ingredientes de una historia, cuyo protagonista, el detective Toni Ferrer, mucho me ha recordado a otros investigadores brotados de la pluma de los grandes escritores de la novela negra americana, algunos, quizás, coetáneos de este colega barcelonés.
Es Toni Ferrer un hombre duro –tal es la obligación de todo eficiente sabueso-, también un desencantado amante, pues está aquejado por un doloroso lance, su aventura con la bella y distinguida Regina, uno de los personajes más conseguidos y conmovedores del relato.
El anarquista García Oliver encomienda a Toni la investigación del asesinato de tres hombres, miembros, cada uno de ellos, de tres patrullas milicianas. Son las victimas unos pobres diablos, incapaces un turbio tejemaneje cuyo desenlace fuese un ajuste de cuenta entre maleantes. Mas, entre maleantes, usureros y sujetos de otra condición, incluso la de gente decente, se desenvuelve el entretenido argumento de la novela, siendo la técnica empleada, en mi opinión, sucesora de la usada por otros buenos autores del pasado –continuamente, he recordado a Raymond Chandler-, de manera que, según avanza la investigación de los crímenes, iremos recorriendo los diferentes barrios de Barcelona –desde el Paseo de Gracia hasta el Paralelo, desde el Parque de la Ciudadela hasta Sarriá-, así como conociendo una pintoresca galería de tipos, cada uno a tono con el ambiente de esa tasca o de esa singular casa de la Ciudad Condal. Una especial mención me gustaría hacer de Eddy y de “El Vampiro del Paralelo”.
Impecable es el estilo literario del novelista, sencillo, no plano, coloquial y despojado de gratuitas zafiedades que, en otro caso, hubieran mermado la veracidad y la fuerza narrativa de esta maraña de codicia, de traiciones y, cómo no, de pasión amorosa.
La localización del relato, dentro de la sórdida y peligrosa atmósfera de la Barcelona de aquel otoño de 1936, es magnífica, nunca relamida y, por momentos, cinematográfica, pero siempre el mejor espacio para asistir a los progresos de la indagación llevada a cabo por el detective, así como el escenario idóneo para contemplar las palizas propinadas al buen Toni, ese detective con quien el lector se encariña y a quien desea encontrar en la siguiente entrega de una nueva aventura. Ojalá.
…En una ciudad tan populosa y cosmopolita como Barcelona en cualquier lugar hay broncas, en cualquier momento se comenten asaltos o te topas con borrachos al volante. Y la noche es otro país con otro idioma, donde predomina la palabra gruesa, el gesto seco y donde campan a sus anchas los pirados que se dedican a incendiar coches y contenedores para divertirse. A esas horas el peligro y la violencia aumentan exponencialmente, sobre todo en el centro. Por algo Las Ramblas se encuentra en el ranking de las diez calles más peligrosas del mundo…
…Otra cosa era el resto de la Plaza y sus aledaños, donde se movía otro tipo de ambiente. Un batiburrillo de gente de la más baja extracción se daba cita también allí. Los bancos públicos y los suelos estaban ocupados por una variopinta hueste antisocial: gente sin patria ni techo, pedigüeños, camellos, borrachos, drogadictos, liendrosos, feos y los más guarros de Barcelona y otras ciudades europeas se congregaban cada noche entorno al sembrado de terrazas más caras de la Barcelona cosmopolita, una milicia que había renunciado al amansamiento impuesto por el sistema y había asumido el extremismo social como forma de vida…
Extractado de SIEMPRE QUISE BAILAR COMO EL NEGRO DE BONEY M.
http://minovelanegra.blogspot.com/