Por Escribir sus nombres, Víctor Juan
Editorial Prames, Zaragoza

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No son pocos los libros que ahondan en el espanto de la guerra: Tolstoi, con su monumental Guerra y Paz, nos ofreció un fresco grandioso de alguna de las campañas napoleónicas; Jünger, con Tempestades de Acero, relató el horror de la Primera Guerra Mundial; Orwell, con su Homenaje a Cataluña, narró el frente de Aragón en la Guerra Civil; y Ha Jin, por no extendernos más, contó magistralmente la lucha entre las dos Coreas en Despojos de Guerra… Sin embargo, esa otra de la gente sencilla alejada de los campos de batalla que vive las salpicaduras del odio, esa guerra interiorizada de quien no cree en la guerra pero ve cómo se cierne como una tronada en el descampado, no es tan habitual.
Víctor Juan (Zaragoza, 1964) se ha empeñado en hacerlo en Por escribir sus nombres, memoria novelada de un episodio real de la Guerra Civil en Huesca; crónica en clave de relato de una historia de amor y horror. Asombrosamente, esta obra (finalista del Premio Ciudad de Barbastro 2005) es su primera incursión en la ficción, su primera novela, pero su habilidad logra combinar sabiamente crónica, memoria, metaliteratura, biografía y ficción. El argumento es hermoso y sencillo: un profesor en plena crisis de los cuarenta, se siente fascinado por la historia de los enamorados Palmira Pla y Francisco Ponzán, cuyas vidas ha entrevisto en varios libros leídos recientemente, así que decide escribirla. Es un profesor, no un novelista, de manera que su iniciación en la ficción supone su desembarco en otro mundo, ese del posibilismo, de modo que, aconsejado por su compañera, decide explicar, a la vez que escribe, sus avatares como escritor novel.
Pero, ¿quiénes son esos personajes objeto de fascinación que, con tanta empatía, logra contagiarnos Víctor Juan? Paco Ponzán, maestro, murió en Francia tras participar valientemente en el bando republicano de la Guerra Civil Española, fusilado después de luchar contra el nazismo en el país vecino. Le sobrevivió su amada Palmira Pla, con quien vivió una historia llena de encuentros y desencuentros, pérdidas y búsquedas, más allá de la muerte y el espanto. Esos son los polos sobre los que gira esta narración. A partir de ahí el lector se adentra en una trama preñada de momentos llenos de sentimientos que erizan la piel y levantan preguntas dolorosamente reales: ¿Qué anima a un condenado a muerte que nada tiene ni espera, a redactar su testamento? ¿Acaso buscar dar sentido a lo que va a perder? ¿Por qué tantos hombres buenos e incluso necesarios (Ramón Acín Aquilué, por ejemplo) no siempre obran con prudencia? ¿Cómo es posible que la victoriosa Europa que acababa de derrotar al nazismo consintiera un régimen tan ominoso como el de Franco?
Dividida en capítulos titulados más de una vez con frases de una sentimentalidad intensa (Me consuela pronunciar tu nombre, Creyendo que miraba el cielo, Escríbeme, Un paisaje en la memoria…), Víctor Juan construye una inspirada novela donde desolación y exaltación se mezclan en un peligroso juego del que sale felizmente triunfante entregándonos una obra romántica, desgarradora, apasionada, idealista, nerudiana (hay una maravillosa conexión entre la sensibilidad del autor y la de Pablo Neruda) y comprometida.
Si algo hubiera que criticar, sería el hilvanado de los capítulos, el uso de la elipsis en los primeros (frases con puntos y seguidos que deberían ser puntos y comas) y aparecer en un momento en el que la Guerra Civil es objeto novelable desde el ángulo humano (he ahí Manuel Rivas, Javier Cercas o la misma ganadora de este premio), algo no del todo censurable pues Por escribir sus nombres resulta ser una buena novela sobre un tiempo que no debería olvidarse; la primera de un escritor que tiene la facultad de emocionar.
Ganó Elena Sanemeterio con Escalera de Servicio, donde una niña nacida en el Madrid de los bombardeos (he aquí el viejo recurso del niño) cuenta las miserias de la contienda. Es una novela sencilla y, sin duda, bien contada; sin embargo, no tiene audacia (escribir sobre cómo se escribe, combinar lo real y ficticio de forma expresa…), ni intensidad en comparación con Por escribir sus nombres. No estuvo muy acertado el Jurado. Más bien como escopeta de ferias. Víctor Juan mereció ganar.
Excelente novela. La recomiendo sin miedo a fracasar.