Manderley en venta; Patricia Esteban
Tropo Editores. Zaragoza, 2008.
Ida Ferrero LindlauDel mucho leer y del poco dormir a algunos se les seca el cerebro y a otros, como en este caso, se les ilumina. Patricia Esteban Erlés destila en sus relatos la perfección del que ha despojado a la literatura de todo lo superfluo: de sentimentalismos, de complacencias, de doctrinas y de oraciones subordinadas innecesarias. La sencillez como abanderada, el aroma de lo sabido y reposado largamente hasta dejarlo en el puro hueso, la maestría de la puntuación atenta y del verbo exacto, del mensaje comunicado en línea recta. Sus creaciones me traen recuerdos de otros grandes escritores que me han hecho disfrutar y a los que admiro. Es como un té que perfuma mi sala y en el que reconozco otros momentos de liviana paz, de suspiro contento al leer y ver nacer una generación de eruditos alcanzables que retoman el testigo del relato corto.
Los recursos literarios utilizados por Patricia son magníficos y sorprendentes y no dejarán indiferente a nadie que lea relatos como “Una y Otra”, de una dualidad sin mácula y preciosista, o “Sin violín, desde el tejado”, que me lleva irremediablemente a recordar “Carta a una señorita de París” de Cortázar por el ambiente en que lo escribe, pero otro completamente, otro redondo y él mismo, o “Habitante”, en el que huelo el cloro de las piscinas de “El Nadador” de Cheever, sin dejar de escuchar el latido del corazón de una escritora única en sus voces múltiples. “De culos y manzanas” es, sencillamente, Patricia Esteban Erlés, maravilloso.
Los lectores estamos de enhorabuena: “Manderley en venta”, de Tropo Editores, es un libro maduro y vibrante de historias que nos señalan el camino de la narrativa con mayúsculas, la que fija la mirada en lo cotidiano y nos lo devuelve renacido, ahíto del pozo de los que miraron antes que ella, asimilado un equipaje cultural inmenso en su código genético, y vertido en pequeñas píldoras de colores que podemos administrarnos a discreción. El relato corto recupera con esta autora sus cotas más altas de perfección y nos devuelve el placer de la lectura en voz alta. He aquí una cronista de nuestro tiempo que mira a lo lejos y que abrirá caminos nuevos y descubrirá un nuevo mundo para todos nosotros.
«El décimo primer mandamiento»
La perfección no existe, lo sé. Pero lo más parecido que he encontrado escrito es la historia de un perro llamado Vania.
Una casa con papel floreado en las paredes, una azotea al sol y un teléfono en el que se oía el mar. Ser así feliz, tontamente. Compartiéndolo todo con un novio que huele a chocolate.
Y de repente todo cambia. Otro trabajo, otra casa, otra mujer. Y ese novio empieza a salir por las noches y miente por primera y última vez. Y un día se va. Y el perro se muere. Y todo desaparece.
Y el décimo primer mandamiento se cumple.