IGLESIA DE SANTA MARÍA LA MAYOR DE ALCAÑIZ
Autora: Teresa Thomson Llisterri
Centro de Estudios Bajoaragoneses

Sin duda la buena literatura consigue que veamos el mundo que nos rodea de distinto modo, con otros ojos a veces, a menudo con mayor intensidad; de la misma manera que una buena guía nos permite ver mucho más allá que la simple mirada, incluso nos mueve a repasar de nuevo anteriores visiones para así deleitarnos con pequeños detalles y grandezas que pasamos por alto en una primera aproximación.
Esto le sucederá a cualquier lector de esta magnífica guía, aunque ya haya visitado una o mil veces la Iglesia de Santa María la Mayor de Alcañiz.
Teresa Thomson Llisterri es especialista de Historia del Arte y en Archivística, y nos muestra sus dotes de investigación a través de un ameno recorrido por el interior y las afueras de esta monumental edificación.
A través de esta guía, publicada en conmemoración del 6º Centenario de la elevación de la Iglesia en 1407 a rango de Colegiata, otorgado por el Pontífice aragonés Benedicto XIII, mientras caminamos paso a paso por el interior de la Iglesia, nos sobrecogerá la inmensidad de sus construcciones y de las obras de arte que contiene.
La autora realiza un pormenorizado repaso a la trayectoria histórica del santuario, desde su origen gótico, aún representado por la Torre de las Campanas, a la posterior demolición y reconstrucción barroca, hasta el siglo XIX, cuando el escultor alcañizano Tomás Llovet creó las imágenes y relieves del retablo mayor; una historia perfectamente documentada e ilustrada con multitud de imágenes.
Al hojear esta guía, y a medida que pasamos una página tras otra, aparece frente a nosotros una Iglesia desconocida, repleta de detalles que surgen párrafo a párrafo, detrás de cada nueva imagen y que nos obligan a mirar a nuestro alrededor o a levantar la mirada al cielo hasta cerciorarnos y emocionarnos con nuevas visiones de pinturas, retablos, tablas renacentistas…
Las marcas de los canteros se hacen ostensibles, las ménsulas nos envuelven en su hermetismo cargado de simbología, las gárgolas vigilantes recuerdan su pasado oscuro y tenebroso mientras las cúpulas celestiales apaciguan nuestras almas y nos colman de esperanza.
Al más creyente, a cualquier amante del arte y de la tradición, el interior de la Colegiata le impactará en lo más profundo de su ser, con cada cuadro, frente a las esculturas, ante los retablos, al amparo de cualquiera de sus quince capillas magníficamente ornamentadas.
Gracias a la autora, no me cabe la menor duda, que cualquiera que ya conociera la Colegiata se adentrará por un mundo todavía inexplorado, al mismo tiempo que asombrará por su grandeza a los nuevos visitantes.