Historia de las Exposiciones Internacionales
(Londres, 1851 – Zaragoza, 1908)
Julio Blanco
Delsan Libros, Zaragoza, 2007
Desvelamos aquí una obra titulada “Historia de las Exposiciones Internacionales, Londres 1851 / Zaragoza 1908”, que acaba de publicar Julio Blanco García, con la Editorial Delsan, que seguramente pasará a ser referente importantísimo de nuestra historia contemporánea. Ya Julio Blanco se descubrió con anteriores entregas sobre El Banco de Aragón en Zaragoza como un investigador meticuloso, un observador concienzudo y agudo y sobre todo un gran estudioso de la época contemporánea, cualidades que en esta obra sobre las Exposiciones Internacionales demuestra sobradamente.
Julio Blanco nació en Barcelona, aunque reside en Zaragoza desde su infancia. Publicó el libro titulado: “Estudio histórico de las actividades financieras en Zaragoza”, que era una crónica estupenda sobre las principales figuras financieras zaragozanas y aragonesas entre los siglos XII y XX, y después su obra “El Banco de Aragón”, un fantástico análisis sobre las vertientes políticas, económicas y sociales de la que fue la primera institución bancaria de nuestra ciudad, y por la que obtuvo el Premio de Ensayo e Investigación de la Delegación del Gobierno de Aragón en 2003. Actualmente tiene en proceso de edición su obra “Historia de la banca en Aragón”, y se dedica primordialmente a escribir, su pasión en realidad, aplazada hasta este momento en que puede dedicarse más profesionalmente a ella.
En esta ocasión, nos presenta una HISTORIA DE LAS EXPOSICIONES INTERNACIONALES, un volumen de 450 páginas, que es un verdadero hallazgo.
Sus amigos sabíamos que Julio, desde hacía más de un año, preparaba una nueva publicación, y en ocasiones comentábamos más que nada sobre los procesos de edición, “estoy terminando”, “tengo que revisar pruebas”, “salgo ahora mismo del archivo”…, etcétera, etcétera. No podíamos imaginar que el libro en cuestión fuese esta magnífica obra, un estudio apasionante y concienzudo, un viaje meticuloso y exigente a la segunda mitad del siglo XIX, desembocando en la Zaragoza de 1908.
Con el… diríamos, pretexto, de estudiar las Exposiciones universales que en el siglo XIX, el apasionante siglo XIX, tienen lugar en Europa, asistimos a una crónica del siglo, un excelente trabajo de crónica de toda una época de la que aún hoy vivimos las consecuencias. Desde la primera exposición de carácter internacional ideada por el príncipe Alberto, promotor de la que se celebró en Londres en 1851, concebida para mostrar el progreso y la modernidad, este libro nos muestra la coincidencia tremenda ocurrida en el año 1888, año en el que se celebraron en el mundo cinco grandes Exposiciones de rango internacional, la de Barcelona, Bruselas, Copenhague, Glasgow y Melbourne; nos cuenta la Exposición de París de 1889, donde se erigió la Torre Eiffel, para conmemorar el centenario de la Revolución Francesa y que se convirtió en el más indiscutible símbolo de Francia, y el resto de eventos hasta el año 1908, centenario de los sitios de Zaragoza y de la guerra de la Independencia española, en que se celebró la Exposición Internacional de Zaragoza.
El libro, iniciado con un cariñoso prólogo de Luis Calvo Teixeira, es un volumen brillante y muy agradable de leer sobre las convulsiones que cambiaron sin duda la fisonomía y la historia de nuestro siglo XIX. Julio Blanco empieza por hacer una introducción sobre el pensamiento imperante en el sorprendente y trascendental siglo XIX, con los antecedentes de las caídas del absolutismo en los países más poderosos del planeta, la conversión de jornaleros, obreros y labradores en proletarios, que necesitan vender su trabajo para subsistir, y la transición del liberalismo económico hasta el capitalismo, que substituiría a la agricultura como creación de bienes y de riqueza por la industria y el comercio, aprovechando los descubrimientos científicos y técnicos de la época. Julio Blanco parte de la consideración de que una Exposición es un retrato fiel de un país y de su tiempo, pero explica, muy acertadamente, que ese reflejo quedaría incompleto sin la contextualización del propio país en todo el tapiz de su propia historia y de la marcha de la política y los cambios del mundo a su alrededor.
Remontándonos a las ferias medievales que ya tienen lugar en el siglo X, Julio Blanco realiza un somero pero imprescindible repaso a la historia de esos encuentros mercantiles y financieros a lo largo de la Edad Media hasta el siglo XVI, como forma de un intercambio que permite la mejora de la vida de las gentes y su enriquecimiento cultural. A partir de ahí, nos introduce en los grandes cambios sociales que se inauguran en el siglo XVII y habla ya de la más antigua exposición universal de la que se tiene noticia, promovida en Londres por una Sociedad Comercial de Fomento del Arte, en 1757, y la otra organizada en 1791, en Praga, donde sólo se exhibirían productos checos, coincidiendo con la entronización del emperador Leopoldo II. Seguramente ellas serían las precursoras de la primera gran Exposición de 1851, en Londres.
Verdaderamente, estamos ante un libro que es retrato de estos grandes eventos que aúnan intercambios comerciales y de intereses, con la obligada reflexión que provoca la obra ajena cuando se pone en comparación con la propia, y que origina sin duda un paso adelante en la planificación de proyectos y de ilusiones de un país. Asistimos a una verdadera crónica histórica de casi dos siglos, que nos permite contemplar un extraordinario fresco de escenas, motivaciones, situaciones, decisiones políticas, descubrimientos científicos y personajes, al fin los grandes artífices de la historia, que nos llega a abrumar y que sobre todo, nos admira, porque indudablemente el trabajo de documentación, análisis y recopilación que ha hecho Julio Blanco ha tenido que ser titánico. El texto está salpicado de fotos de los edificios, pabellones, billetes de entrada y paisajes de los diferentes eventos que analiza, y que por cierto, nos llenan de nostalgia, porque son fotografías realmente bellas y que nos retrotraen a una memoria reciente y muy evocadora de nuestra historia particular como individuos.
Hay muchas cosas destacables de esta gran obra, pero quiero detenerme en una concreta, y es que verán, cuando tengan el placer de adentrarse en este gran trabajo, que Julio Blanco investiga, estudia y relata, pero sobre todo, habla de personas. Hay una presencia constante del elemento humano en este texto. Su elaboración no ha sido fría sólo ateniéndose al dato, que los hay, y muchos. No. Su elaboración ha sido desde el análisis del pensamiento humano y desde el retrato muchas veces, de las personas que estuvieron detrás de estos grandes eventos, que al fin y al cabo, iban dirigidos a personas. Me llamó mucho la atención la frase, a modo de epigrama, que Julio utiliza para abrir la obra: “La historia la hacen personas guiadas por sentimientos más o menos nobles”. A medida que fui descubriendo este libro, comprendí las palabras de Julio, porque verdaderamente, él en su investigación no se ha querido desprender de esa realidad, y es extraordinario el retrato humano que va desgranando detrás de los acontecimientos que va describiendo, alrededor de la celebración de nada menos que cincuenta exposiciones internacionales celebradas entre 1851 y 1908.
Mención aparte merecen los anexos incluidos al final del libro, esos Apéndices prodigiosos por su exhaustividad, donde Julio Blanco nos muestra cifras de algunas exposiciones internacionales, cifras de las exposiciones zaragozanas, un listado fantástico de trabajos, inventos y descubrimientos del siglo XIX, y listados de expositores zaragozanos premiados, presupuestos y otros datos de las exposiciones aragonesa de 1885-6 y zaragozana de 1908.
A partir de la segunda parte, que Julio titula “El letargo español”, nos adentramos ya en el análisis histórico de nuestro país, enfocado especialmente en Zaragoza. Este libro es una crónica histórica de la Zaragoza del siglo XIX y principios del XX, una crónica que Julio Blanco conoce muy bien, porque ya otras obras le han servido para ahondar en el conocimiento apasionado de esta ciudad en esa época, pero les puedo decir que en esta obra adquiere unos tintes únicos. Es desde luego y va a ser, una obra imprescindible para los estudiosos que quieran conocer la historia contemporánea de Zaragoza, pero yo me atrevería a decir que podría ser también un libro de texto en toda regla, un libro de lectura obligada para los estudiantes de Empresariales, Económicas o Derecho de nuestras facultades. Con el que además, se disfruta enormemente.
Volveremos a retomar la visión internacional en los capítulos agrupados en la parte que titula “Un mundo renovado”, con un repaso a las exposiciones de Barcelona, París, Chicago, Berlín, Bruselas, Omaha, Londres, Búfalo y San Luis, hasta 1904, y nuevamente nos zambullimos en las instituciones, cambios, progresos, carencias y zozobra social de la Zaragoza del principio del siglo XX. Créanme, una parte, que él titula “Resurrección”, verdaderamente impresionante, porque nos desvela el conocimiento de nuestra ciudad y la sociedad zaragozana de la época que nunca habíamos tenido hasta ahora. Por fin, la última parte está dedicada a la Exposición Hispano-Francesa de 1908, celebrada en Zaragoza, y de la que el libro analiza desde los objetivos, a la búsqueda de presupuestos, a las ideas, la figura de Basilio Paraíso, la presencia de las instituciones, incluso las religiosas, y las relaciones con la monarquía…
Todo eso late detrás de un evento de estas características, que en estos años, ante la cercanía de la próxima Exposición Zaragoza 2008, no dejamos de nombrar… pero creo que muy pocos se han parado a pensar en las repercusiones sociales y culturales que un hecho de estas características provoca. Julio Blanco sí lo ha hecho y nos ha brindado un libro que nos ayuda a abrir los ojos a todo lo que subyace debajo de la organización de una Exposición Internacional. No podía ser de otro modo que este libro saliera ahora, cuando apenas faltan seis meses para la inauguración de lo que seguramente va a ser un evento ya inmortal en nuestras memorias, y que desde luego, pasa ya a la historia y supongo al cajón del resto de material que Julio Blanco va compilando para seguir su investigación en torno a este tema tan fascinante, un tema que él nos ha ayudado a descubrir en toda su envergadura. Me ha emocionado ver en un libro que tiene que ver con nuestra realidad así, crónicas sociales que incluyen a personajes como Búfalo Bill o Jerónimo, o Charles Dickens, contemporáneos de muchos de los eventos reflejados en estas páginas, mezclados con personajes tan cercanos a nosotros como Tomas Castellano, Ramón de Pignatelli y Juan Francisco Bruil, a quienes las nuevas generaciones sólo conocen por el nombre de algunas calles o parques…
No puedo acabar esta reseña sin mostrar mi entusiasmo más sincero recomendando esta obra sin par, que merece ser leída con deleite y con tiempo, porque nos va a abrir el corazón y el pensamiento a un conocimiento que no imaginábamos, y que se convertirá en un tesoro de memoria del que uno no querrá desprenderse.
Mi enhorabuena al editor, por esta acertada apuesta de edición, y porque el libro ha quedado espléndidamente acabado. Es una edición muy cuidada que sin duda se merece su autor.
Mi enhorabuena de corazón a Julio Blanco, porque todo su esfuerzo ha merecido la pena, sin duda, ya que ha realizado un trabajo excepcional e inolvidable, que va a figurar en las hemerotecas y en la bibliografía especializada de nuestra ciudad, de forma indiscutible, y además con toda dignidad.