«Antífonas para un cántico»

Antífonas para un cántico
José María Barceló
Editorial Libros del Innombrable, Noviembre 2007

Magdalena Lasala

“Antífonas para un Cántico”, es un poemario de envergadura, aunque su apariencia sea frágil de su envoltorio, porque en este libro hay muchísima poesía, mucha más que en libros que tiran más espacios vacíos que versos.
Quiero resaltar la amistad que me une a José María Barceló, y que hace que también me encuentren los lectores firmando el prólogo de este poemario. Pero independientemente de nuestra amistad, he de reconocer que estamos ante una obra muy importante, en la carrera literaria de José María Barceló y muy importante en sí misma, porque es de un contenido profundísimo y de un alcance indiscutible.

Aunque la formación de José María Barceló fue en el mundo de la ciencia, ingeniería y matemáticas, orientó también su inteligencia hacia una formación autodidacta y constante en el mundo de las letras, la filosofía y la poesía. José María supo esencializar en su momento la posibilidad de encuentro que le ofrecía su realidad cotidiana con el mundo filosófico y poético y lo rentabilizó en el desarrollo de una profunda inteligencia poética.
Fruto de su andadura, ya larga, en esta capacidad, fueron en el año 1998 su primer poemario, “Los círculos del tiempo” -una obra sorprendente por su riesgo existencial, y porque supuso un descubrimiento del enorme potencial poético que José María guardaba en ebullición-, y en el año 2002 su libro “Hacia la mar de Ítaca”, un poemario escrito desde la libertad de un viaje iniciático hacia la propia identidad, un libro emocionante y emocionado pleno de ecos existenciales para el lector, de una mística limpia y bellísima.
Y en este año 2007, nos obsequia con este poemario “Antífonas para un Cántico”, una obra que nunca les dejará indiferentes, que lanza preguntas como dardos encendidos al lector que se prenden de nuestro plexo solar y nos pueblan de sensaciones únicas, a veces perturbadoras, a veces inquietantes, a veces reveladoras, y siempre exquisitamente hermosas… y eso es Poesía. Poesía que conmueve y que agita.
Y la poesía si no conmueve, sino agita, ¿para qué existe?

Este libro de José María Barceló se puede observar desde diferentes perspectivas, porque es un libro muy rico de posibilidades, tanto expresivas, como de contenidos, como de manejo de los símbolos o de interpretaciones.
Toda la poesía de José María rezuma preguntas, porque en la pregunta, José María Barceló encuentra la expresión más completa del alma humana… El alma humana, ese ente plena y eternamente ansioso, ese ente deseante y añorante eternamente, sólo puede expresarse a través de preguntas, porque la existencia es una inmensa pregunta, y eso lo comprende íntimamente José María Barceló, y por eso las preguntas que esgrime en sus versos nos llevan directamente a comprender el alma.

“¿Desapareceré igual que el humo
inasible y etéreo de la leña?”
“¿A quién buscar si falso es lo que veo?”

La poesía surge del intento de responder esas preguntas, y se convierte en un camino de búsqueda ansiosa que el poeta recorre apasionadamente, como José María Barceló nos muestra en estos versos. Su poesía madura en la búsqueda, redonda y contundente en sus reflexiones, es también apasionada.

“En mi diaria vigilia te persigo
pues mientras busco sé que estás conmigo”

La poesía nace del impulso y ambición de entender el significado del inmenso desasosiego del alma, nace del intento de elevarse sobre la gran insatisfacción que al ser humano le produce la vida, y José María lo sabe, lo comprende, y ambiciona la culminación de ese anhelo que perturba el alma, como es el encuentro místico con su divinidad perdida, el regreso a ese lugar donde no hay preguntas.

“Rumor de fondo, voces que me dicen:
Ven más allá. Desnudas y sin forma / desharemos la tuya al poseerte
durante todo el larguísimo viaje / a tan ansiado tránsito”.

El poeta, en “Antífonas para un Cántico”, es el héroe esperante y es el apasionado alquimista que vierte palabras en la vasija soñando que empiece la vida. Este Cántico se nos revela por fin como un recorrido alquímico de presencias plagadas de símbolos que llegan al pleno inconsciente del lector, consiguiendo que reconozcamos ese camino como propio.

“Desnudo del vestido gris de arcilla,
de luz naciente me pondrás la túnica
y el temblor cesará en cuanto digas:
¡Abro tu ser y ven! Y con el gozo
mis ojos no verán nada, tan sólo
un inmenso vacío en el levísimo
resplandor de la Nada.”

Este libro es un Cántico que nos alerta, que nos despierta, es la voz del alma que escuchamos ahora expresando su verdadero deseo de elevación y de transmutación, es un texto alquímico de la más pura tradición mística:
El objeto aparente de la Alquimia es la fabricación de oro a partir de metales comunes, por medio de la transmutación. Pero la Alquimia material es tan sólo el soporte de una doctrina mística recogida por Platón y Aristóteles. Aristóteles sostenía que todas las cosas aspiran a alcanzar la perfección, y que todos los cuerpos formaban parte de una misma materia prima, por lo que al ser sólo manifestaciones distintas de ese mismo origen, sería posible la transformación de esas formas.

“Entro para sentir el crudo olor
de la madre y signarme con el agua
perpetua del misterio”.

La Alquimia aporta la fe en la transmutación. El motivo es el ansia de conocimiento sobre la Naturaleza, que se vive como religión al intentar alcanzar la divinidad en el símbolo del oro, porque el oro es el sol, y el sol sería el alma de Dios, ya que los alquimistas herméticos consideraban el Cosmos como Dios. Bajo la significación de la Alquimia subyace un arquetipo, el buscador de oro, que sobre todo, se identifica, filosófica y místicamente, con el ser humano que aspira alcanzar la perfección, esa perfección que es el encuentro con su divinidad.

“Deseo puesto sobre ausente objeto,
el perpetuo retorno de agua mansa
a caer por los bordes de la oscura
oquedad aliviando la añoranza”

“Anhelo verte sin el gran espejo
que curvado deforma tu apariencia
entre oblicuos hirientes centelleos”.

El mensaje oculto de la Alquimia ha utilizado diferentes lenguajes a lo largo de la historia, como la pintura, la música y la arquitectura, pero es la Poesía la que se eleva sobre las otras, como esa voz esencial del alma, del héroe, del poeta buscador que puede transmitir los secretos desvelados a la vez que recorre el camino de su búsqueda.

“De muy lejos te busco y el poema
suplica ir a ti en este cántico”.

He de decirles que cuando tuve en la mano el libro “Antífonas para un Cántico”, y contemplé su portada, me sobrevino un vuelco de asombro, porque, en efecto, la portada recoge la simbología alquímica que a mí ya me había inspirado su contenido, que ya conocía. En ella el héroe golpea con la espada del discernimiento para abrir el huevo que guarda al ave que logrará elevarse sobre los elementos. El ave es el símbolo de la renovación y la transformación.
Dice la Alquimia: “los cánticos son para tus oídos, y hay emblemas para que los tengas ante los ojos, pero de ahí ha de sacar tu razón las señales arcanas, y que tu intelecto recoja las preciosidades guardadas en ellos”. Cánticos, emblemas, arcanos, antífonas… hablar de esta alquimia es hablar de este poemario de José María Barceló.
Yo les invito a que lean estas Antífonas, estrofas perfectas en la forma, seis endecasílabos rematados con un heptasílabo, que componen todo un Poema continuado, este Cántico de búsqueda y pasión del alma. Yo les invito a dejarse llevar en su recorrido guiados por la luz de estos versos, a veces música, a veces imagen, a veces arquitectura de la torre construida para intentar alcanzar el cielo desde su cima, y siempre Poesía.

Doy mi enhorabuena a mi buen amigo Raúl Herrero, admirado editor, gran artista él también, por el acierto en incluir este texto en su colección de Libros del Innombrable, con quien sin duda comparto la visión alquímica de esta obra. Y doy mi enhorabuena más agradecida a José María Barceló, por esta obra arriesgada y honesta, bella y reveladora, que alcanza una cima muy alta en su quehacer poético… la cima de esa torre que quiere tocar el cielo.

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