«Uno mismo y lo inesperado»

Uno mismo y lo inesperado, María FrisaUno mismo y lo inesperado
Premio Isabel de Portugal
Diputación Provincial de Zaragoza, 2007

Magdalena Lasala
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María Frisa, María Luisa Frisa, ha demostrado poseer unas excelentes dotes de narradora y ya ha consolidado una firme carrera literaria en el panorama nacional de nuestras letras. Con el título â??Uno mismo y lo inesperadoâ? se presenta un conjunto de relatos que ha obtenido el XXI Premio Santa Isabel de Aragón de Narrativa, otorgado por la Diputación Provincial de Zaragoza, y que resulta una obra excelente.María Frisa nació en 1969, y se licenció en Psicología Clínica. Actualmente cursa los estudios de Filología Hispánica y tiene dos hijos. Es en 1999 cuando ella dice que comenzó su carrera literaria. Desde entonces ha ganado varios premios como el de la Universidad de Deusto, el Premio Barcarola, y el de la Universidad Carlos III de Madrid, y ha publicado, además de numerosos relatos y colaboraciones en ediciones colectivas, las novelas â??Lo que nunca me dijisteâ?, â??El resto de la vidaâ? y su más célebre hasta ahora â??Breve lista de mis peores defectosâ?, traducida al italiano.
No nos extraña que un nuevo premio literario haya recaído en una obra de María Frisa, ya que es un camino, el de los premios, que María Frisa sabe recorrer muy atinadamente, y porque además no nos sorprende que su obra impacte y se quede sujeta a nuestra memoria, quizá enredada ya en nosotros para siempre, pero en esta ocasión especialmente, no es de extrañar que haya sido premiado este conjunto de relatos, porque estamos ante un trabajo muy especial en su trayectoria y que yo creo que la define indudablemente como una escritora de la cabeza a los pies.
â??Uno mismo y lo inesperadoâ? es un conjunto de relatos, siete en total, divididos en dos bloques, â??Ellosâ? y â??Ellasâ?, (cuatro relatos para ellos, y tres relatos para ellas) que tienen un denominador común: su calidad expresiva indiscutible. Quiero resaltar que son Relatos, y lo resalto porque a pesar de que es un género muy común utilizado en las convocatorias de premios literarios, el Relato es uno de los géneros literarios más difíciles que existe. El Relato requiere de una concentración expresiva inevitable, y no todos los autores son capaces de superar el reto. El Relato ha de contar lo bastante, ha de describir lo justo, ha de encontrarse con el lector más rápidamente que cualquier otro tipo de narración, y ha de culminarse con un buen final. El final, ya se sabe, es tan importante como el principio, eso dicen, pero en el Relato, el final es más importante que casi ninguna otra cosa. Es en el Relato donde la maestría de un autor se demuestra más palpablemente, porque su brevedad exigida obliga a desplegar el verdadero saber hacer del escritor. El Relato tiene que conducirte como lector, sin que te des cuenta, hacia una rampa de aceleración para un despegue para el que por fin, te deja solo, y estás volando, estrellado contra un final que no preveías cómo, ni cuándo, y que te obliga a tomar los mandos de tu vuelo. Todas estas cualidades que definen al Relato como género, y al buen Relato como disfrute para el lector y modelo de buen ejercicio, las encontramos en los relatos que componen el libro de María Frisa, â??Uno mismo y lo inesperadoâ?.

Estos relatos nos cuentan historias en las que suceden cosas externamente, aunque también están sucediendo cosas desde el interior, y ahí radica uno de los méritos que antes nos atrapan: los protagonistas de estas historias nos hablan desde sí mismos, y lo curioso, es que María Frisa consigue que los protagonistas nos hablen desde sí mismos independientemente del tono narrativo, es decir, igual si la narración es en primera persona, que sería lo fácil, como si la voz narrativa es exterior u omnisciente. Cada relato viene precedido por una cita muy evocadora por cierto, de enorme intimidad, que nos prepara al universo con que nos vamos a encontrar en el texto. Estas citas nos desgranan pensamientos, frases, teorías o versos de autores como Bertrand Russell, César Vallejo, Jorge Gómez Cardoza, Zhuanzg-Zi, Pedro Salinas, Jorge Luis Borges (luego hablaré de ello), y Julio Cortázar, entre otros… recordemos que el propio título del volumen toma la frase de un texto del propio Julio Cortázar que María Frisa referencia ya en la primera página junto a otro del psicoanalista Wilfred Bion… pero vayamos por partes: hago referencia a esas citas sugerentes y estupendamente bien elegidas porque son una refrescante muestra de la erudición de nuestra autora, algo muy de agradecer en la actualidad, pero erudición que se desgrana igualmente entre las líneas de los relatos y que impregna sus historias, sus situaciones, las reflexiones de los protagonistas y hasta, diría yo, sus reacciones. Desde las alusiones a Freud o Van Gogh a las de Virginia Wolf, o Silvia Platt, Truman Capote, Allan Poe, el mismo Cortázar o Tennessee Williams, los protagonistas de los relatos nos transmiten sus experiencias de esos nombres como modelos de vida, como pautas de conducta de los personajes muchas veces, dejando caer en el texto las referencias a ellos de forma natural, sin estridencias, mezclados en un contexto íntimo, como podrían estar hablando de cualquier otro elemento cotidiano, con levedad, con inocencia y hasta con indiferencia auténtica, y eso sólo se puede hacer cuando a esos modelos se les conoce de verdad. Porque María Frisa escribe de verdad, según a mí me llega, y según yo leo sus textos. La escritura de María Frisa no es una pose; destila autenticidad descarnada aunque se refugie en un suave tono de humor, humor negro, muchas veces, porque es un humor también descarnado y que te enfrenta a ti mismo como lector ante tu propio espejo, aunque no lo parezca… o no lo quiera parecer.
Se nota la formación de María Frisa en Psicología clínica… los que hemos estudiado psicología, aunque sea en mi caso en relación al Humanismo, lo reconocemos al instante, y entiendes todavía más la disección casi clínica que María Frisa expone ante ti de la humanidad del personaje. Pero me resulta muy sugerente ese acercamiento al género negro que logra en los relatos, combinando ese tono de misterio evocador del gran maestro Edgar Allan Poe, con el tono de crónica inquietante de un posible crimen como en el relato titulado â??Al estilo de Truman Capoteâ?, o el propio planteamiento casi policíaco y de desenlace perturbador del relato que titula â??Un día del cual tengo ya el recuerdoâ?. Creo que María Frisa tiene un gran potencial para la novela negra, que en esta ocasión combina muy inteligentemente con el tono surreal que envuelve a todas sus narraciones, consiguiendo por encima de todo ello algo muy difícil, como es construir una potente e inquietante credibilidad de los personajes en ese contexto negro, misterioso y surrealista. Ese equilibrio entre la situación más allá de lo posible y la reacción humana, creíble, palpable de sus protagonistas, es un logro literario indiscutible, porque además está muy bien escrito y muy bien llevado desde la sensación, lo cual siempre implica al lector. Ese es otro de los méritos de este libro, el tinte surreal que empapa a todos los relatos dotándoles además de unidad de conjunto, y que puede hacerte sentir que cada relato es en realidad un capítulo de algo invisible y total que subyace en el fono enlazándolos unos con otros, que bien puede ser esa sensación de misterio sin resolver, que todo este juego en torno a la existencia y los misterios de la mente humana -como es en realidad este libro-, nos esté diciendo que la vida es una novela negra.
He dicho que iba a hablar de Borges, y quiero hacerlo de propio, ya que los relatos de María Frisa creo que rezuman Borges por los cuatro costados. Creo que María Frisa consigue una especie de homenaje a esa otredad de la que Borges nos hablaba, y lo consigue precisamente dejando que los personajes de estos relatos se expresen a sí mismos en la doble dirección de sí mismos y de su reflejo, y entonces son ellos los que estallan en nosotros como lectores, dejándonos en la boca del alma esa misma sensación que nos dejaban los relatos de Borges, del mejor Borges: una sensación de que alguien más dentro de nosotros ha estado compartiendo esta lectura, reflejo sin duda de esos otros que pululan y se desenvuelven alrededor, enfrente y en el reflejo de los personajes.
Quiero decirles que he disfrutado con ese Macleod inquietante, que se presenta en una primera frase hablando de la locura en el relato â??Arte y locuraâ?; que he disfrutado con el ambiente creado en torno a la historia de Luisa y Edgar en el relato â??Phantasmataâ?, o cómo no mencionar la espléndida historia de Leonor Zamora, en el relato de su mismo nombre, casi un homenaje a Silvia Plath…
Pero tengo que hacer una mención ineludible a la propia condición de escritor, destacando también el universo sugestivo que María Frisa ha logrado crear en las historias contadas en torno a la escritura, la literatura, los deseos del escritor, los miedos, las fobias, las miserias del autor, todo ello como si por fin fuera también ese misterio sin resolver del que hablaba antes, y que se va describiendo en diferentes circunstancias, en diferentes momentos, llevando esa obsesión radicada en el alma como es la escritura, a que aflore en el argumento preciso, en el personaje adecuado, en el relato más revelador y descarnadamente verdadero, detrás de la sonrisa final que nos deja, detrás de ese regusto melancólico, detrás de esa profunda observación de la vida que la autora nos demuestra a través de los personajes desfilando ante nosotros. Menciono al efecto el relato â??Los cinco sentidosâ?, diseccionando las palabras con la precisión de un entomólogo, con nuevas referencias que enganchan nuestro insconsciente a claves o arquetipos con los que la autora juega a su antojo: Baudelaire, Sartre, Shakespeare, jugando una vez más con el pasado y el presente, con la realidad y la otra-realidad, con la muerte y su tentación, elementos tan connaturales al universo y al tormento del escritor, y que aquí se presentan, diría yo, casi clínicamente.
Estos relatos de María Frisa son como espejos en los que nos miramos en la desnudez cotidiana, y ya sabemos que ante nuestro propio espejo, sentimos primero vértigo, luego miedo, después risa, y por fin, melancolía… También denominadores comunes en estos relatos que, aún distribuidos en dos partes como ya he dicho, â??Ellosâ? y â??Ellasâ?, desnudan por igual la verdad de unos y de otras con la misma maestría, porque en realidad están hablando del alma humana. Desnudez alarmante que está especialmente presente en el relato â??En ausencia de Joaquínâ?, por ejemplo, que nos enfrenta a un personaje femenino, Marita, inquietantemente real, perturbador como es el espejo de un ascensor.

Si quisiera resumir mi opinión sobre este libro, diré que â??Uno mismo y lo inesperadoâ? es un libro de una pujanza intelectual rotunda, que tiene una escritura impecable y que demuestra por parte de María Frisa un coraje poco común en la escritura contemporánea, porque se arriesga de verdad, se implica como autora y por ello logra la implicación del lector, no se queda en la superficie y eso es muy de agradecer en el panorama literario contemporáneo, en que vemos demasiados productos superficiales que no han llegado a comprender que el lector necesita vibrar con la literatura.
Mi enhorabuena a mi amiga María Frisa, por este trabajo, y enhorabuena al Premio de Narrativa Santa Isabel de Portugal, porque creo que está muy bien concedido. Espero que disfruten con la lectura de estos relatos tanto como yo.

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