Emilio P. Gómez

Emilio Pedro Gómez (Astorga, León 1951) es profesor de matemáticas y poeta. EmilioSu labor docente ha propiciado su encuentro con Aragón, tierra en la que habita desde hace bastantes años. Sílabas blancas es su sexta entrega poética y sus textos recogen la conversación íntima, dramática, a veces amable, estoica otras, pero siempre transida de amor y dolor, de templanza, de memoria, de retraimiento y entrega con la madre dolorida y finalmente desaparecida. Con síntesis conceptuales espléndidas, con hermosas imágenes, el manejo formal de Emilio Pedro Gómez en este libro le concede la necesaria armonía al relato de un intenso período de su vida depositado para siempre en el galope filial de su memoria.
Manuel Martínez Forega

Uno de esos libros que estremecen, que te dejan casi sin aliento, que justifican las palabras y la vida. Emilio P. Gómez recrea los momentos finales de su madre, víctima del alzheimer, y el texto es un viaje por el afecto y la desmemoria, el dolor y la evocación, desde la candente cercanía.
Antón Castro

Me ha causado una sensación muy honda, a veces he sentido casi un vértigo moral en cómo habla el poeta de su madre. Me sorprende lo unido que estaba a ella. Me ha parecido fabuloso el grado de verdad de los poemas. Es un grado de verdad que llega muy hondo, que te toca por dentro. Casi es doloroso.
Literariamente, el libro es impecable. Me ha gustado la contención verbal. Creo que es el mejor libro del autor, hay una gran madurez poética en él.
Manuel Vilas

Poemas

Ahora que no estás
nunca me faltas.

Sucedes a través
de lo desconocido:
el átomo infinito
la dulzura sin dueño…..

Has dejado en mis manos
un hueco de paloma
que respira.
(de Sílabas Blancas)
*

Tuve amantes
que confundían el amor
con la pasta de dientes.
Las hubo que albergaban
fragmentos de cilicio
o una mueca románica en el sexo.

Mas conocí también
la autoridad de un cuerpo hermoso
independiente
silencios de una piel tumultuosa.
Amantes que sabían duplicar
la juventud
y el sida
(con alguna de hurañas apariencias
rocé el Adán del paraíso).

Pero tú estabas honda
y siempre.
*

Poética

Mirar lo que acontece
acontecer la mirada.

*
Nombrar:
ceder los labios.

*
Dejar entre unas páginas
-flores secas latiendo
su belleza de tonos otoñales-
la vida resumida.

*
Haikus de la casa

Vieja muñeca
a punto de no hablar.
Como el olvido.
*
Ansia de viaje.
Nostalgia de nostalgia
de estar en casa.
*
Vuelve a la cuna
con su amago de abismo
la mecedora.
*
Miran mirarse
los ojos de la luz
en el espejo.
*

Diario lírico sobre el Camino de Santiago

�    Placer de madrugar y estrenar el diario silencio de las cosas.
�    Ya la noche estocada de muerte (palidez enfermiza de las constelaciones). Reconozco el ámbar del amanecer.
�    Ruinas de San Antón: ¿amanecer de piedra o piedra amanecida?
â?¢Â Â   Asoman como una aparición. Y te invade la magia del lugar, jardín de piedra. ¿Quién, con qué romántica destreza, fue desconstruyendo el monasterio hasta dejarlo así, tan espectral, con tal exacta arquitectura de umbral de la melancolía? Al pasar bajo el arco, es como si ingresara de nuevo â??más perplejo esta vez- en el ambiguo enigma del camino .
�    A orillas del Ucieza, de repente, el encarnado fulgor de unos escaramujos. Los miro con admiración, como si resumieran la belleza del mundo.
�    Cuanto más me alejo, más percibo la llamada de un lejos más distante.
�    En el mesón de Villalcázar de Sirga, del solomillo a la ternura, del tocinillo al cielo
�    Nos demoramos en la plácida sobremesa. La comida rápida ahorra tiempo de vida pero a quién le interesa eso, salvo a la muerte (Jorge Riechmann).
â?¢Â Â   Generosos matojos de lasnia. La mirada goza la llama alimonada de sus flores. â??Hierba malaâ? me dice un campesino. No le respondo, pienso: ¿Cómo puede ser mala esta alegría?
â?¢Â Â   Otros leen el periódico, dormitan la resaca, vulneran la autovía, sufren la soledad conyugal de los domingos…… Yo camino pensando qué nombre dar a la emoción del día.
�    San Juan de Ortega. Accedo al pueblo. Sencillo, acogedor. En este lugar sería hermoso aceptar el helado celaje del invierno, ver nacer la nieve. No sé porqué huída y búsqueda se hallan aquí tan bien reunidas.
�    Escuchar el silencio en lo que desaparece.
�    Desde el alero cercano, una golondrina me ofrece todo su repertorio de trinos. Me detengo a escuchar. Concluida su melodía, alza el vuelo. Reemprendo la marcha pensativo ¿En verdad se diferencian las palabras del piar de los pájaros? Chuang Tzu
�    Pedro lleva en la mochila multitud de hogares. Te los entrega y se desborda como un cántaro roto. Recorre el camino en soledad, pero no he conocido peregrino menos solo. Hace etapas más largas que las mías. Mañana me dejará atrás. El almíbar amargo de la despedida.
�    Paisajes humanos: los más conmovedores. En los pasos que intima la palabra, en el encuentro, está el camino.
�    Interior de la catedral de León. Levadura visual. Espejismo sublime. Colores tallados en reflejos que atraviesan los párpados y ascienden. Vidrieras en estado de gracia: manan la gloria de una luz insobornable.
�    Regreso de mirar
transfigurado
ligero
con un regusto inédito en el alma.
â?¢Â Â   He de salir. Van a cerrar las puertas. Me da la tentación de hacer noche, furtivo, en el lugar sagrado. ¿Cómo será sin nadie â??los ecos nada mas- la luz de su silencio (y se quede la catedral hablando sola)?

2 Respuestas a “Emilio P. Gómez

  1. Avatar de Maria José Maria José

    El miedo, pudor y autoflagelamiento, lo voy alejando poco a poco de mi vera…. tús poemas fueron sol de otoño verdadero, pero la guerra los destruyó y con ella una culpa y un querer no ser que me acompaña, aunque mis tres soles alumbran i despertar y la compalía es amor, no me amo y deseo desaparecer…

    perdona, te aprecio

  2. ¿Porqué es tan poco conocida la sugerente poesía de este autor?