El vasto susurro de las imágenes, Pilar Peris,
Col. â??Veruelaâ?, Zaragoza, Diputación Provincial, 2007.
Premio Santa Isabel de Portugal 2006, 80 páginas.
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Para empezar, El vasto susurro de las imágenes es un libro que ve con los ojos y dice con la lengua, coordinación que, puesta en boca de Pero Grullo, harÃa sonreÃr a más de uno, pero que adquiere todo su valor si prescindimos de su sintaxis objetiva y descubrimos su significado profundo, dicho aquà con la inamovible certeza de su finalidad comparativa. Ve con los ojos porque es un libro que versa sobre el arte; y dice con la lengua porque está construido con palabras. Si aquella emoción primera de la mirada es fundamento del estro de su autora, la lengua es el material necesario que le da forma a través de su introspección, expresión y filtrado. ¿No es esto experiencia de una realidad mirada, admirada y sentida? ¿No es experiencia poética? Pues claro que sÃ. Porque ¿cómo podemos excluir de la experiencia vital la experiencia lectora, la experiencia artÃstica, la experiencia intelectual? Hoy por hoy, solamente el estilo es lo que nos singulariza, la forma; todo lo demás, a mi juicio, son pamplinas. De ahà que no pueda admitirse la necesidad de negar un estilo para que exista otro, como pretende aquella â??poesÃa de la experienciaâ? que citaba hace unos instantes. En todo caso, serán distintos, pero convivientes.
DecÃa que el libro de Pilar constituye ahora mismo un hecho singular por cuanto está escrito al margen de las tendencias estilÃsticas actuales. Su movilización es culturalista; su lenguaje, selecto, sus asuntos, externos. ¿Pero desdicen estos rasgos su emoción? No, naturalmente que no. Sin embargo, estoy convencido de que serÃa tachado de frÃo, de distante, de exogámico; es decir, de todos aquellos calificativos propios de quienes ponen la venda crÃtica antes de ser heridos por la lectura, o, como describÃa una imagen barroca muy inteligente, calificativos propios salidos de las enroscadas lenguas de â??asnos con cascabelesâ?. Son muchos los valores que confluyen en el libro de Pilar Peris, los suficientes para definirlo como diferente y con una fuerza análoga a la de los osados salmones que, con esfuerzo generoso, remontan los desatados cauces y superan cuantos obstáculos se oponen a su objetivo. Pero esos mismos valores son demasiados para explicitarlos aquÃ. No obstante, bastará, para constatarlos, con señalar la nada sencilla elegancia que posee la autora para engarzar un léxico que, por sà solo, estalla en los oÃdos como atronadora traca, pero que Pilar ha sabido rescatar de su modesta condición marginal para izarlo a una categorÃa contextual y definitivamente poética: Escarbar, acartonar, desguace, sumidero, felpudo, engendros, viraje, fiemo, esputo, mocho, mopa, estropajo, tarros, peladuras, pezón, mejunjes, petardo, carroñera… no serÃan nada sin la hábil maniobra estética de Pilar Peris, semejante en este punto, cuando menos, a la educada lengua del pre-Ãsmico Moreno Villa. Ã?ste es uno de los valores indudables de El vasto susurro de las imágenes; pero me gustarÃa destacar otros dos, sólo otros dos, para no desairar la futura atención del lector. Uno, la delicadeza con que Pilar, sin ocultarlo expresamente, sino evidenciándolo, maneja el palimpsesto. Desde León Felipe a José Rizal, pasando por Matilde Wesendonck, o Hölderlin, traza un mosaico de referencias intertextuales que (con ser ambos dos matices inexcusables de su tÃtulo) están más allá del puro ornato o del simple homenaje; antes la contrario, se trata de apropiaciones de Ãndole no sólo estilÃstica (digamos de paso que semejante maestrÃa no fue ignorada por la escritura barroca, y fue felizmente recuperada por dos divinos y otro que no pudo serlo debido a su muerte prematura; me refiero a James Joyce, a Jorge Luis Borges y a Ignacio Prat). Apropiaciones no sólo de Ãndole estilÃstica, decÃa, sino que, con ello, se aventura Pilar Peris a poner en tela de juicio el autoasignado valor prÃstino de la poesÃa neorrealista, que, con semejante autoafirmación â??deduzco que inconscienteâ??, ha avanzado un poco más en su estolidez general, que no en la particular.
El paradigma referencial, por fin, de El vasto susurro de las imágenes, hace honor a un simbolismo que tendrÃamos que aprender a no olvidar tan fácilmente. La última poesÃa italiana (Patrizia Cavalli, Antonio Sagredo, Giuseppe Gofredo, Francesco Lippi…) ha recuperado toda la lujuria estética del simbolismo tradicional como un avance de lo que tal vez se nos avecina, y sabemos que Italia ha dicho mucho sobre avances estéticos a lo largo de su dilatada historia intelectual. No quiero, sin embargo, testimoniar con ello una analogÃa española, sino destacar que tal vez ese subconsciente colectivo del que hablaba Jung esté impregnando un movimiento que todavÃa no podemos enfocar, pero que, en el caso de Pilar Peris, es muy evidente. Quizá el asunto central de su libro (la pintura y los pintores) dé pábulo a su respuesta estilÃstica, aunque resulta indudable que Pilar no ha exigido nada por el rescate de aquella movilización pre-noventayochista de la que no se entera la última poesÃa española o que resuelve paseando al perro por el parque o comprando una merluza aparentemente fresca en la pescaderÃa del hipermercado.
Felicito, pues, a Pilar por haber sabido manejar el plumero con la delicadeza de quien sabe recuperar el brillo de tantos diamantes empolvados; pero, sobre todo, por haberlo hecho colándose por la puerta trasera de un edificio poético abarrotado de capiteles con marbetes estéticos; y aún más: Por hacerlo burlando a sus celadores.