«Fabricación británica»

Fabricación británica. Folletín romántico del Maestrazgo, de Antonio Castellote.
Libros Certeza, Colección Redallo, Zaragoza, 2007. 219 págs.

De ingleses e intrigas Fabricación británica

Angélica Morales

     El folletín tiene el deber de engatusar, de apresarte con mano de granuja y zambullirte de lleno en la historia hasta que no tienes más remedio que convertirte en uno de sus personajes. En ese sentido â??Fabricación británicaâ? cumple con todos los requisitos de un folletín de categoría. Y así, desde la primera página, conquista con su puesta en escena, con unos personajes que parecen tener vida propia: tías flemáticas, una prometida de efervescente cinismo, un periodista esnob interesado y arrolladoramente ruin, hermosas gitanas y muchachos despiertos con planta de Hermes y alma de samaritanoâ?¦ Nuestro protagonista, Charles Lamb, es contratado como dibujante por el periódico londinense The Morning Post para acompañar al primer corresponsal de guerra, Lewis Gruneisen, cuya misión es mantener informados a los lectores acerca de la expedición real que el pretendiente carlista don Carlos María Isidro había iniciado allá por 1837. De este modo, siempre al lado del bando insurrecto y teniendo como marco el inquietante y maravilloso Maestrazgo, Charles descubrirá un mundo nuevo, la otra cara de la vida, la muerte y la miseria, el miedo y el amor, el dolor y la esperanza, ingredientes básicos en este potaje exquisito que llamamos folletín.
     Antonio Castellote se presenta en esta su primera obra, que previamente se publicó por entregas en el Diario de Teruel, como un verdadero maestro: la sutileza de su lenguaje, la rapidez y viveza de sus diálogos, su basta erudición y una pizca de ironía turolense, hacen de â??Fabricación británicaâ? un libro de empaque. Tampoco hay que olvidar que sus páginas están salpicadas de estampas deliciosas, unas ilustraciones realizadas por Juan Carlos Navarro que nos acercan a los personajes, idealizándolos con ese ojo mágico que ve más allá de la torpeza cotidiana.
     No puedo sino recomendar su lectura, que invita a desabrochar las emociones y convierte al más insulso en un aventurero temerario. Y lo más importante: sin mover el trasero del sillón, dando pequeños sorbos a una bebida alta en calorías y repleta de burbujas traviesas que engordan los rostros con sonrisas gatunas.

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