La llanura de Dotán, Juan MartÃn Castellonese.
Ediciones Unanián, Montevideo, 2006, 264 págs.
Santiago Morata
  Tras leer La Llanura de Dotán de Juan MartÃn Castellonese, pienso en una pintura impresionista, y de entre los pintores del genial movimiento, quizás el sin par Van Gogh es el más apropiado para explicar el sÃmil. Si te acercas mucho a un cuadro suyo, tal vez en el museo dâ??Orsay en Paris, forzado por el empuje de un grupo de japoneses y te detienes a mirarlo, encontrarás unas pinceladas anchas, tal vez incoherentes en apariencia, de colores vivos, distintos, sin respetar acercamientos de tonalidades. Pero (si tienes la suerte de que los japoneses te dejen la sala libre) si das unos pasos hacia atrás, apreciarás que cada pincelada, inexplicablemente, está situada de manera perfecta para lograr un todo inigualable y de gran belleza.
  Asà podrÃamos calificar la novela de Juan MartÃn Castellonese. Trazos o pinceladas de recuerdos de una familia que va tejiendo su tela de araña entre Italia, Norteamérica y Uruguay, la crudeza de la inmigración, el dolor de una familia rota, retazos de visiones de Montevideo de los 50, mucha nostalgia, historias personales que parecen aisladas pero se conectan con sutileza, de una vieja señora, un sobrino perdedor cuya vida es dominada por el juego, un viejo profesor que hace de narrador, pinceladas de polÃtica, fÃsica y filosofÃa, y de fondo y como nexo de unión, la búsqueda de un tesoro escondido.
  Al terminar la novela, la cualidad más destacable es que no te quedas con el poso en la memoria de una historia, sino de un retrato de Montevideo cargado de nostalgia.