Matómelo Dumas, Pepe MonteserÃn
Lengua de Trapo [Col. Nueva Biblioteca]
Madrid, 2006, 205 páginas
Â
Ricardo Serna
  Hace apenas una semana, escuchaba en la sobremesa a unos contertulios mÃos -buenos amigos, por cierto- hablar del espectacular ascenso de lectores que parece estar teniendo la novela histórica en nuestro paÃs. Yo sostenÃa â??y sigo manteniendo- que no es oro todo lo que reluce, y que si bien es un género que suele gustar al gran público, también es verdad que todavÃa cuarenta y cuatro de cada cien españoles confiesa sin pudor no leer nada.
  La novela que concita hoy nuestra atención, Matómelo Dumas, es una obra que, sin ser propiamente histórica â??pues carece de ciertos elementos que singularizan el subgénero-, sà podemos decir que se ajusta a moldes históricos de época.
Su autor, Pepe MonteserÃn Corrales, es un arquitecto técnico que tiene la profesión de periodista por oficio cotidiano. Natural de Pravia (Asturias), nació en 1952 y escribe en el periódico La Nueva España, donde ha firmado al menos medio millar de trabajos de prensa. Es autor, además, de la novela Azúcar (2000), del libro de relatos El viajero que huye (1999) y del ensayo La conferencia.
  En esta novela, cuyo argumento recrea la corta biografÃa de Evaristo Galois, y sobre todo los aconteceres relativos a su romántica muerte en duelo de honor en la madrugada del 30 de mayo de 1832, nos sitúa en la Francia decimonónica, desde donde el personaje narrador â??la propia madre del difunto Evaristo Galois- transmite la historia con agilidad hasta la retina de los lectores. A través, por supuesto, de la pluma fácil de nuestro asturiano periodista.
  Como no pretendo destriparles la historia, me limitaré a dar señal y apunte del protagonista, un francés que vivió realmente en el siglo XIX y al que el tiempo y las circunstancias han mitificado en cierta forma. Evaristo Galois nació el 25 de octubre de 1811 en Bourg-la-Reine, un pueblo cercano a ParÃs. Su padre, Nicholas-Gabriel Galois, era un fiel partidario de Napoleón y cabecilla del partido liberal en la localidad, por lo que llegó a ser elegido alcalde de la villa. Ã?variste fue educado por su madre, Adelaïde-Marie Demande Galois, quien proporcionó a su hijo una notable formación clásica, sobre todo en el campo de las humanidades. La educación regular de Galois comenzó en 1823, fecha de su ingreso en el Collège Royal de Louis-le-Grand, de ParÃs, una escuela preparatoria donde estudiaron personajes como Robespierre y Victor Hugo. Con todo, el chico despuntó enseguida en el campo de las ciencias, siendo pronto un genio del cálculo y un perito en deducción matemática.
  A raÃz de un curso impartido por Hippolyte Jean Vernier, Galois tuvo claro que lo suyo eran las Matemáticas. Leyó a toda prisa obras significativas de maestros en la materia, como Joseph Louis Lagrange, de quién aprendió por vez primera la teorÃa de ecuaciones, teorÃa a la que él mismo habrÃa de realizar contribuciones esenciales a lo largo de los cuatro años siguientes.
  De sus progenitores, y también en buena parte de su educación en la escuela de Louis-le-Grand, Galois, recibió una fuerte influencia y sensibilización en los valores liberales y democráticos.
  Este es, a grandes rasgos, el personaje del que nos habla Pepe MonteserÃn en su novela, una obra bien ejecutada y entretenida, con diálogos razonables estructurados e intercalados con acierto, y buenas descripciones literarias; tanto que no parece una novela de periodista â??en las que suelen primar los argumentos amables en detrimento de la buena hechura literaria-, sino de escritor sólido y cuidadoso. Los personajes, dibujados a pinceladas sueltas, se enmarcan bien dentro de un marco histórico â??la Francia del siglo XIX- que juega un papel secundario de mero horizonte formal. En resumidas cuentas, la novela â??en una estimable edición de Páginas de Espuma- nos parece digna y recomendable. Léanla sin prisa y disfruten de esta singular historia cuajada de buena prosa.