Tintación. Almudena Vidorreta.
Editorial Eclipsados. Zaragoza. 2007. 25 págs.
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Miguel Carcasona
    Que a una chavala de veinte años le dé por escribir poesÃa en lugar de (o además de) mandar mensajes por el móvil, no sólo es una buena noticia: es un milagro. Ese milagro se ha encarnado en el primer libro de Almudena Vidorreta (Zaragoza, 1986), algunos de cuyos poemas ya habÃan aparecido en la antologÃa del grupo Eclipse que, bajo el tÃtulo â??Ocultación transitoriaâ?, publicó hace unos meses el Rolde de Estudios Aragoneses. En esta Tintación, bajo un barniz más sofisticado e incluso arriesgándose al uso de algún cultismo, Vidorreta nos enseña la esteta que late dentro de un envoltorio volcánico, incardinada en el tipo de poesÃa concebida por buena parte de las últimas generaciones de creadores. Son jóvenes nacidos o criados en los ochenta, aquella década que, en la memoria colectiva, se la considera la del entierro definitivo del riesgo de involución y, con él, de implicación polÃtica (como si fuesen las dos caras de una misma moneda retirada de la circulación). Ese desprendimiento del luto franquista y de las responsabilidades públicas devino en una desaforada necesidad de diversión, hábilmente manejada por algunos polÃticos, cuya expresión más emblemática â??la movidaâ?? instauró como canon al tipo posmoderno y sus manifestaciones artÃsticas, en especial la música pop cantada en español y con letras banales -papel de celofan envolviendo la nada, en palabras de un crÃtico de entonces-. En literatura, la pax felipista, con su sensación de prosperidad y bienestar, se reflejó en la poesÃa de la experiencia o â??la otra sentimentalidadâ?.Â
    Curiosamente, frente a los inocuos colorines de sus coetáneos musiqueros, esos poetas apostaban por un tono coloquial, plano y directo, proclamándose herederos de la generación de los cincuenta, sobre todo de un Gil de Biedma descafeinado, de quién se rescató sólo su variante intimista. Los rasgos definitorios de esta poética (conformismo social, ausencia de crÃtica, individualismo…) de un modo u otro aún perduran en la mayorÃa de los poetas, sean los ocupantes del parnaso oficial â??el de los suplementos culturales-, sean los que forman la base de la pirámide, incluidos quienes, afilando el discurso, practican el realismo sucio. Existe, por supuesto, una realidad alternativa y poliédrica, minoritaria y semiclandestina salvo en casos excepcionales como el de Antonio Gamoneda, pero hablar de ella queda fuera de esta reseña.
    Sirva el párrafo precedente como encuadre socio-literario del libro que nos ocupa. Por lo que traslucen sus versos, Almudena Vidorreta es hija de su tiempo: una estudiante recién salida de la adolescencia en un paÃs occidental (más o menos) próspero. Sus problemas parecen brotar en los alrededores de su ombligo, especialmente al sur de éste. Lo externo (la familia, los amigos, la sociedad…) son, simplemente, el cambiante escenario donde se representa su monólogo. Hasta aquà la marca generacional. Lo destacable â?? y esperanzador â?? de estos poemas son la fuerza interna que despliegan, unido a que, ya desde los primeros versos, huye de la simple descripción de los hechos (la relación algo tortuosa entre dos jóvenes) para buscar una identificación entre la protagonista del poema y la poesÃa â??soy una mujer polivalente y puedes medirme en letras./ De cien a doscientos versos de mi carne/ esparcidos en papel cuadriculado a tinta verdeâ?. Una identificación para cuyo logro, en ocasiones, se echa mano del amante poeta: â??ese trato tuyo que me convierte en verso / en un fenómeno viviente que escribirâ? â??te daré mi carne / desnuda y en verso libreâ? y que alcanza su cima en la imagen más lograda del libro: â??muslo de letras, piel de estrofa clásicaâ??. Por momentos, la protagonista se pone algo trágica, pero ella misma lo percibe y se desmitifica mediante la ironÃa: â??a veces, cuando estoy sola y bostezo, / no me tapo la boca con la mano / en señal de valiente atrevimiento / para que todo el mundo se dé cuenta / de que soy una mujer muy rebeldeâ??. La asunción de su propia inexperiencia vital: â??he dejado de escribir la vida para vivirlaâ?, la inteligencia que demuestra al saber reÃrse de sà misma: â??capaz de patentar este ridÃculo modo / de acercarme a tus principios de forma pueril â??, el conocimiento del oficio y el carácter que Vidorreta manifiesta son argumentos añadidos que nos permiten celebrar el hallazgo de una verdadera poeta en ciernes. Ojalá el futuro confirme las expectativas generadas por esta Tintación.