«Pentagrama. Cinco poetas españoles de hoy»

PentagramaNos hacemos eco de la salida al mercado de la antología poética «Pentagrama. Cinco poetas españoles de hoy», con participación de nuestro querido compañero Enrique Villagrasa. Os damos sus datos técnicos:

Título:  «PENTAGRAMA.  Cinco poetas españoles de hoy»
Autor:  Antología preparada por Remo Ruiz. Ilustraciones de Ruiz Romero
Editorial:  TRILCE EDICIONES, Salamanca, 2007 Prólogo, antología y notas:Remo Ruiz Coordinación Editorial:  Jacqueline A. Polanco
ISBN:  978-84-95850-88-1
96 páginas
Colaboración: Fundación Antonio Ródenas García-Nieto
Autores incluidos:  Luis González Tosar -  Juana J. Marín Saura – Enrique Villagrasa – A.P.Alencart y Asunción Escribano.

Como pincelada inicial, os ofrecemos su prólogo:

PRÃ?LOGO
Soñó el poeta un poema sobre el palacio edificado conforme a un sueño anterior.
�ste -primero en el tiempo- propició sólida arquitectura para memoria de los hombres; en cambio, su derivado transmutó la rígida piedra en dúctil y armónica palabra, al cabo más firme y perdurable ante la vicisitud de los hombres y su historia.
 Tal es el poder inconmensurable del lenguaje, la potencia del verbo creador que se manifiesta desde el principio de los tiempos, desde el amanecer del mundo y sus criaturas. La poesía quiere volver a esa época inicial, a un estado previo a la palabra; por ello los poemas con más poder de conmoción se ubican más allá del lenguaje, superándolo y situándonos en la época mítica. El poeta, por medio de la metáfora â??elemento de conjuro- nombra la realidad, y al tiempo establece otra realidad, en una proyección especular que nos instala en otra esfera, la prerrogativa de la condición humana como ser trascendente.
 Germina la palabra en el silencio -huye de las turbulencias mentales-,
en silencio se va conformando y también en silencio se produce la eclosión, el caudal de sugerencias, imágenes, irisaciones; ese microuniverso que luego se desarrollará hasta cubrir espacio en blanco y poblarlo de formas acaso imprevistas, acaso evanescentes. Es la energía inherente al acto de nominar, la que echa a andar al cadáver en Masa, la que hace resurgir la rosa de la tenue ceniza al sonido de la voz de Paracelso. Es el instrumento mágico por el cual designa el hombre al mundo y lo crea. Es la palabra que puede aun rebelarse contra la Palabra de Dios, pues que la Poesía tiene carácter de rebelión  tanto como de revelación. Al nombrar el poeta la realidad, ya lo hemos dicho, está creando otra realidad; la suya, la que nada ni nadie podrá arrebatarle, puesto que nace del hálito creador cuya fuerza está en sus sueños. Así, el oficio de poeta participa de la naturaleza demiúrgica,  ese algo â??liviano, alado y sagradoâ?, como se conoce desde el origen de la poesía y se declara en su máximo esplendor en el Romanticismo alemán.
 Invoquemos, pues, en esta ocasión las voces de cinco poetas: Luís González Tosar, Juana J. Marín Saura, Enrique Villagrasa, Alfredo Pérez Alencart y Asunción Escribano.  Cinco voces únicas y personales, pero también confluyentes en ese único y maravilloso misterio que es el de la creación poética. Cierto es que toda poética es personal, pues el poeta ha de verter su autenticidad en la palabra para conformar así su mundo propio y verdadero, que sostenido por su ánimo será al tiempo reflexión (en sentido especulativo y especular) del mundo total. A continuación ofrecemos un breve comentario sobre cada uno.

 Luís González Tosar ha reunido su obra con el título Madera de mi canto,  cuyo simbolismo es patente: recordemos que la madera es símbolo de la madre. Quemada significa la sabiduría y la muerte, y sus valores mágicos y fertilizantes se transmiten a las cenizas y carbones durante los sacrificios. De igual manera, la cremación implica un retorno al estado de â??simienteâ?, es decir, el elemento de donde surge la creación. Al tiempo, la madre es una imagen de la naturaleza; para Jung representa el inconsciente colectivo, y la fuente del agua de la vida. También es la primera portadora de la imagen del ánima. Así, según Julius Evola, los símbolos de la tierra madre son: agua, madre de las aguas, piedra, caverna, casa de la madre, noche, casa de la profundidad, casa de la fuerza o de la sabiduría.
 También el árbol es uno  de los símbolos esenciales de la tradición. Algunos pueblos eligen su árbol: por ejemplo, la encina era árbol sagrado para los celtas; el fresno para los escandinavos; la higuera en la India (bajo este árbol recibió Buda la iluminación). Así mismo, en la mitología existen vínculos entre árboles y dioses: el cedro era el árbol de Osiris; la encina de Júpiter; el laurel de Apolo�
 El árbol manifiesta en general la vida del cosmos, así como la naturaleza humana (macrocosmos-microcosmos). También la densidad, el crecimiento, la proliferación, la generación y regeneración. Como vida inagotable equivale a inmortalidad, y de modo similar representa el eje o centro del mundo. Jung señala que â??plantar el árbol de los filósofosâ? significa poner en marcha la imaginación creadora. De esta forma, la poesía de González Tosar arraiga en la naturaleza, en el paisaje de Galicia donde despierta al primer gozo de la creación, más allá incluso de los elementos y de las flores celestes, para emerger de un sueño guardado bajo una llave de sombra. El poeta muestra su voz pura con la imagen â??Arca abierta de mi pechoâ?, y asienta su mensaje en los siguientes versos:

Sea aquí donde yo, resguardado de soles tórridos
y amarrado a los olvidos,
descienda por las losas de tantas vidas y vaya dándole forma
a este oscuro y sombrío rebaño de palabras,
todas ellas vividas y escogidas.

Juana J. Marín Saura nos entrega 30 años de creación poética en Carta de navegación,  significativo título de carácter ambivalente, ya que alude a la navegación por la vida y, a la vez, por la poesía, en necesaria y consecuente implicación.
 La obra de Marín Saura fue definida con acierto por Manuel Andújar como un â??romanticismo renovadorâ?, y fusiona con fortuna dos motivos principales: la palabra poética y la expresión plástica transmitida por aquella. En efecto, un libro completo dedica la autora a los pintores y su mundo: El rastro del pincel, además de buen número de poemas sueltos en otros libros y diversas publicaciones.
Tampoco es ajena su sensibilidad a la música, ese superlenguaje  o superpoesía que originó el mundo, como nos transmite Tolkien en Ainulindalë, y ésta impregna su obra al tiempo que prende sus versos en la memoria, habitando el aire azul de la nostalgia.
Los versos que siguen ofrecen idea del compromiso de la autora con el lenguaje, y de la búsqueda de la inasible e inefable palabra:

Voy en busca de una palabra
que me enamore,
desconocida, bella, dulce
   y arrogante.
Comprensiva, acertada. Una palabra
que exprese cuanto pienso
deseo y quiero. Cuanto añoro.

La palabra exacta.
   La palabra.
     DEL AIRE

La obra de Enrique Villagrasa expresa también una búsqueda y una convivencia experiencial con el lenguaje que alcanza lúcidos momentos en su libro Límite infnito, oxímoron en apariencia, mas también armoniosa conciliación de opuestos.  El límite infinito es donde nos acerca la palabra, la poesía, la libertad. Otro rasgo destacable de su escritura es el uso de un metalenguaje que se nombra a sí mismo en permanente tensión genésica.
Para este poeta el acto creativo posee, además, un claro vínculo con la ética, y así escribe: (la Poesía) â??hace de nosotros buenas personas, como creadora de belleza que es.â? Ha de recordarse aquí el postulado de William Blake, que afirma que el hombre debe redimirse no sólo por la ética, sino también por la estética. De manera que la expulsión de los poetas de la República privaría a la humanidad de guías, no sólo de lo bello, sino también de lo moral. Una suerte de legisladores, como entendió Shelley. Por lo demás, es sabido que esta confluencia de poesía y virtud ha estado presente en diversos autores a lo largo de la historia de la literatura, incluyendo a uno de los célebres â??malditosâ?: Baudelaire.
Piensa Villagrasa que la poesía busca principalmente conmover, es la palabra sujeta a ritmo y debe prolongarse en el lector. En cuanto al poeta, debe aprehender de la poesía de la vida y ser  su amante, e intentar transmitir su experiencia al lector. Es este autor partidario de hallar lo nuevo y descubrir lo oculto, como manifiesta en su poética. Debe destacarse aquí el carácter inédito de los poemas que de él se ofrecen.
La voz de A. P. Alencart surge en un escenario poderoso, como es el de la selva amazónica peruana. Esa Madre Selva que el poeta invoca y que cimenta sólidamente su obra. Puede seguirse su trayectoria espiritual de manera diáfana, desde un inicial panteísmo basado en la Naturaleza circundante. En ese mundo primigenio de inmensa potencia telúrica se sitúa el paraíso de su infancia, y en él respira las emanaciones del verbo creador que posteriormente moldeará con acorde sensibilidad. A esta etapa de encantamiento pertenecen libros como Madre Selva y Posesión entre luciérnagas.
Años después se produce el encuentro del poeta con Salamanca, motivo también de fulgurante sorpresa, que plasmará en un libro significativamente titulado La voluntad enhechizada, en cuyo adjetivo resuena el eco de Cervantes. No es que cambie su voz del verde amazónico al dorado de la piedra urbana, sino que se adecua al entorno histórico y cultural de esta ciudad para registrar en su palabra sus calles, monumentos, la Universidad, sus gentes� Otro registro en su poética es la denuncia ante la in justicia, desde los depredadores-deforestadores de su amada selva hasta el sufrimiento o la muerte de seres anónimos.
La poesía más reciente de P. Alencart toma la figura de Cristo como ejemplo máximo de la encarnación de la justicia y el amor universal, ampliando así el eros personal, centrado en la mujer, compañera y cómplice de cuerpo y alma. La voz del poeta se erige contra los que utilizan y mancillan el mensaje cristiano en su beneficio personal, y trasluce una sincera veneración por él, contraponiéndose a la falsedad que a veces subyace en el ejercicio religioso.
Asunción Escribano ofrece, en nuestro juicio, un proceso de escritura que puede interpretarse asociado al simbolismo alquímico. Ello es patente desde los títulos de sus dos libros La disolución y Metamorfosis. Prolijo resultaría aquí extenderse al respecto, pero podemos recordar siquiera brevemente alguna idea que ilustre lo afirmado.
Valga, pues, mencionar que la evolución alquímica se resume en la fórmula Solve et coagula, que puede definirse como â??analiza todo lo que eres, disuelve todo lo inferior que hay en ti, aunque te rompas al hacerlo; coagúlate luego con la fuerza adquirida en la operación anteriorâ?. Se trata, pues, de un camino de trascendencia, metaforizado por la transmutación de los metales en oro, y por la búsqueda de la Piedra Filosofal, símbolo máximo de la pureza en esta ciencia hermética. Para Jung, en el campo de la psicología (y, más ampliamente, en el del humanismo), tal desarrollo equivale al perfeccionamiento del hombre, desde la materia hasta alcanzar la realización espiritual.
La similitud con el ejercicio poético resulta, a nuestro parecer, evidente. El poeta ha de transmutar los elementos, purificándolos por medio de la palabra, y obrando de esta manera la metamorfosis en poesía. Así mismo ha de disolver su ego, en un proceso depurativo que lo conduzca a la fusión con el mundo por él imaginado. Es también la ley de la analogía, por la cual se rigen la metáfora y el Universo: â??Esto es aquello. Yo es otroâ?.
En su poética, la autora aboga por recuperar el valor sagrado de las palabras para poder volver a recobrar la inocencia del mundo al que aluden. Así quizá deba entenderse el concepto de disolución, como restauración del poder original y originador del lenguaje.
Debemos finalizar aquí estas líneas, para dejar paso a la voz de los poetas, no sin antes agradecerles la gentileza de habernos proporcionado algunos inéditos para la elaboración de esta antología.

Remo Ruiz

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