“Puente sobre aguas turbulentas”
“Puente sobre aguas turbulentas” no entendía la letra de ésa trascendente canción pero la sentía muy dentro de mí.
Mi primera noche vieja fuera de casa, dieciséis años sostenían mis piernas de juncos atléticos. La primera madrugada en vela con mis amigas de la transición, transición a nuevas vivencias a finales de la dictadura.
La fiesta era en un piso de la Avenida de Navarra en la ciudad de Zaragoza, no recuerdo el número, ni el piso, si recuerdo una ventana alta donde miraba aturdida, en ángulo un piso lleno de gente desconocida, la música estallaba en mi cabeza, poca luz y mucha ginebra barata.
Él se acerco a mí con decisión y me pidió que bailara la canción con él, “Puente sobre aguas turbulentas”. Estaba mareada, un solo cubata y sentía como si fuese un ente que flotaba en el espacio.
Volaba entre el humo y el sudor, su camisa se pegó a la mía, y su cintura se anudó a la mía. Sin preguntar nuestros nombres bailamos, bailamos escuchando la canción, imaginando, soñando, soñando pero despiertos.
Me dijo susurrando de ir a otra habitación de la casa para estar más tranquilos, sus manos alas de mariposa recién salida de la crisálida revoloteaban sobre mi blusa, la canción me hacía vulnerable. Un puente de arcos románicos se levanto sobre mí, yo era agua transparente que corría por un cauce de sensaciones primogénitas. Un beso nuevo inundo mi garganta de saliva balsámica que hizo encender la luz de mi cosmos.