“Las corrientes oceánicas”

 Las corrientes oceánicasLas corrientes oceánicas, Félix J. Palma
Algaida Editores, Sevilla, 2006, 338 págs.

Oscar Sipán

  Félix J. Palma escribe, por citar al escritor aragonés Fernando Sanmartín, como un gato que caza: detecta la historia, la atisba por el rabillo del ojo y la atrapa de un zarpazo, en un acto reflejo que te hiela la sangre. Con su última obra, Las corrientes oceánicas obtuvo el XV Premio Internacional de Novela Luis Berenguer. Las corrientes oceánicas arranca cuando el protagonista, Alberto Ballesta, al perder a su hijo de siete años en un accidente de tráfico, y tras el abandono de su mujer, considera que el ejercicio de seguir viviendo no le resulta rentable y decide quitarse la vida. Pero antes de dar el paso se pregunta si no le queda algo por hacer en el mundo. Es entonces cuando, visitando la habitación de su hijo, repara en el puzzle de un tigre que hay sobre la mesa y que el niño dejó inconcluso porque, tras varias noches armándolo, descubrió que le faltaba una pieza: el ojo del tigre. Alberto Ballesta se aferra a esa búsqueda ridícula, se embarca en una cruzada suicida para no morir y para pagar una deuda. En su periplo conocerá la historia de sir Duncan Madox, un excéntrico aristócrata apasionado de los puzzles que se atrevió a desafiar al mismísimo Diablo, y entrará en contacto con los Incompletos, una secta satánica cuyos miembros se mutilan voluntariamente. Siguiendo los patrones del cuento, esos andamiajes invisibles, ese cúmulo de contrapesos que equilibran la historia, pero con la densidad o volumen de la novela, Félix J. Palma teje una estructura arriesgada y certera manejando algunos de sus elementos preferidos: la fantasía y el absurdo.

  Las corrientes oceánicas es un viaje a los infiernos y es un viaje interior, la historia de redención de un antihéroe, de un personaje al límite que se enfrenta al dolor más grande que un hombre puede sufrir: la pérdida de un hijo. Permitiéndose dar vueltas de tuerca a la novela negra o incluso parodiar a cierto libro de Dan Brown y a todos esos hijos bastardos que se han reproducido en su lecho, Félix J. Palma nos instala en una montaña rusa emocional: nos hace llorar en una página y reír en la siguiente. Y todo ello porque el humor palpita siempre bajo la corteza del dolor y es el antídoto que nos permite escapar de la angustia o la locura.

  Ya lo dijo Francis Scott Fitzgerald: Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia.

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